
Psicología y Sociedad ISSN-e 3028-743X Suárez et al.
aparecen nuevos aportes desde la terapia cognitivo conductual (Jacobson et al., 1996), la terapia centrada
en emociones (Greenberg et al, 2009; Goldman, 2019), el resurgimiento de terapias psicodinámicas
(Johnson, 2019) y otros que inician la investigación en el campo (Bernal & Rodríguez-Soto, 2012;
Bernales, 2006; Gottman, 1998; Horvath & Greenberg, 1994; Zoilivette, 2010). A lo largo del tiempo, la
terapia de pareja ha tenido un recorrido destacado en las diferentes épocas desde el quehacer
psicoterapéutico, distinguido por modelos de salud, metas, tratamientos y teorías que la sustentan; aunque
existen estrategias compartidas o factores en común desde los diferentes modelos (Gurman & Fraenkel,
2002).
Los modelos teóricos permiten organizar la información adquirida, siendo útil para llevar a cabo el
proceso psicoterapéutico desde la orientación terapéutica del profesional, desde modelos médicos u
orgánicos, se entiende que los problemas de pareja son producto de alteraciones biológicas y por tanto su
tratamiento debe ser primordialmente farmacológico (McDaniel et al., 1995); el modelo comunitario, hace
referencia a que la conducta depende de la interacción con el medio, por tanto su abordaje se centra en la
adaptación a este (Leiva-Peña et al, 2021); el modelo psicodinámico, plantea que el comportamiento
humano está determinado y depende de factores intrapsíquicos (Johnson, 2019); los modelos
fenomenológicos, se centran en la autonomía personal y responsabilidad social, autorrealización,
orientación hacia metas y búsqueda de sentido, entre otros e incluye diferentes abordajes (Terapia
Centrada en el Cliente, Gestalt, Análisis Transaccional, Psicodrama, entre otras); el modelo Sistémico,
enfatiza en el papel de los sistemas interpersonales y por último, los modelos Cognitivo- Conductuales,
supone que las conductas están reguladas por el aprendizaje (Stange et al., 2017; Bados-López, 2008).
Este último modelo, ha demostrado efectividad para el abordaje de diferentes motivos de consulta propios
de la pareja (Martínez et al., 2016; Valadez & Fernández, 2018).
En el modelo cognitivo conductual, se ha encontrado una base empírica sólida desde los
procedimientos utilizados, caracterizándose “por ser más directivo, estar orientado a objetivos, centrarse
en la modificación de cogniciones y conductas, y por utilizar frecuentemente tareas para la casa, es decir,
práctica repetida de las habilidades aprendidas” (García, 2002, p. 1). así mismo, se ha indicado que este
modelo, se aplica también en terapias de pareja centrando sus esfuerzos en “el análisis detallado de los
conflictos cotidianos que pueden llevar a la ruptura de la relación y concentrándose en el estudio de cómo
aparecen los problemas y cómo se mantienen” (Sanz, 2015, p. 91). Esta terapia permite: “Cambiar
interacciones negativas y aumentar el grado de satisfacción de relaciones mediante un proceso de
aprendizaje, cambio conductual, feedback, y práctica de habilidades, mostrando ser eficaz y superior a
otros y a los tratamientos de diferentes estudios”.
Algunos autores (Gottman, 1998; Bornstein & Bornstein, 1998), hacen referencia a que, la pareja
puede obtener capacidades para la comunicación y resolución de problemas, empleando, por ejemplo: “el
aumento del intercambio de conductas positivas, empleándose de forma amplia, el contrato conductual”.
Una vez se ha definido y evaluado los problemas existentes y las conductas que acompañan dicho
problema, se establece el programa de tratamiento para la búsqueda del cambio, centrado básicamente en
potenciar conductas positivas, entrenamientos de habilidades de comunicación, resolución de problemas,
entre otros (García, 2002).
Las primeras aplicaciones de la terapia conductual al tratamiento de los problemas de pareja fueron
desarrolladas (Stuart, 1969; Weiss, 1973); tras estas propuestas y una vez evaluada su efectividad y
limitaciones, se introdujeron nuevos componentes buscando aumentar su eficacia, en especial los
relacionados con la cognición y así, inició la nueva denominación: terapia cognitivo- conductual de pareja.
De este modo, gracias a las aportaciones desde el recorrido histórico, el tratamiento cognitivo- conductual
para problemas de pareja, persigue la motivación y preparación al cambio, el establecimiento de objetivos
terapéuticos comunes, la resolución de problemas individuales, el fomento del cambio cognitivo, el