
Psicología y Sociedad ISSN-e 3028-743X Gómez-Acosta
En este enfoque, la evaluación se concibe desde múltiples posibilidades, destacando las
habilidades diversas de los estudiantes y valorando tanto los procesos de aprendizaje como los
resultados obtenidos en pruebas estandarizadas. Esto implica incorporar instrumentos como
proyectos, portafolios, presentaciones u otras formas de expresión que reflejen de manera integral el
progreso y los conocimientos de los estudiantes, favoreciendo una educación más inclusiva,
pertinente y enfocada en el desarrollo de competencias reales.
No obstante, este panorama representa solo una parte del sistema educativo colombiano. En
muchos contextos, particularmente en instituciones oficiales que enfrentan limitaciones
estructurales, altos índices de matrícula y escasez de recursos didácticos, persisten prácticas
tradicionales centradas en la transmisión unidireccional de contenidos, la disciplina corporal y la
evaluación memorística. Diversos informes han señalado que el sistema educativo colombiano
presenta desafíos relacionados con el tamaño de las clases, la disponibilidad de recursos
pedagógicos y las condiciones institucionales, factores que influyen en las prácticas de enseñanza y
en las oportunidades de innovación pedagógica (OECD, 2016).
Las prácticas educativas se siguen situando en el docente como transmisor principal del
saber, con estudiantes que adoptan un papel receptivo, limitando su participación activa y su
capacidad de construir significados propios. Según investigaciones sobre pedagogías tradicionales,
“la pedagogía tradicional considera que la mente del estudiante es una tabula rasa en la que se
imprimen conocimientos, ubicando al docente como autoridad y al alumno como receptor pasivo
del saber” (Palacios, 1992, citado en Revista Colombiana de Educación, 2024).
Esta situación también se relaciona estrechamente con las condiciones de formación inicial,
continua y de acompañamiento docente, ya que, aunque existe una intención normativa clara de
avanzar hacia enfoques inclusivos, participativos y centrados en el estudiante, muchos educadores
no cuentan con procesos suficientes de profundización pedagógica, actualización didáctica ni
espacios sistemáticos de reflexión sobre su práctica. Como señala Pérez Morales y Cotrina García
(2024), las barreras y desafíos en la formación inicial docente en Colombia limitan la preparación
de los futuros educadores para atender la diversidad y desarrollar enfoques pedagógicos inclusivos,
generando una brecha entre las políticas educativas y la formación real del profesorado.
A su vez, es preciso destacar que la formación de profesionales provenientes de áreas
distintas a la educación, particularmente de campos ajenos a las licenciaturas, que ejercen como
docentes sin una preparación pedagógica sólida, actualizada y continua, dificulta que los avances
teóricos y metodológicos de la pedagogía se reflejen de manera adecuada en las prácticas
educativas. Como señala Marcelo García (2009), la ausencia de una formación docente sistemática
y reflexiva limita la capacidad del profesorado para transformar su práctica y responder a las
demandas contemporáneas de la educación.
En consecuencia, las prácticas docentes tienden a reproducir modelos tradicionales, no
necesariamente por resistencia al cambio, sino por la falta de acompañamiento institucional,
recursos formativos pertinentes y condiciones laborales que favorezcan la experimentación
pedagógica, la investigación en el aula y la construcción colectiva de saberes profesionales.
Finalmente, la coexistencia de enfoques tradicionales con propuestas pedagógicas
transformadoras pone de manifiesto las profundas tensiones entre las políticas educativas modernas,
las condiciones institucionales reales y las trayectorias formativas del profesorado. Este contexto
pone de manifiesto la necesidad de fortalecer de manera integral la formación base y permanente