
ISSN: 2954-5331 / Revista investigación & praxis en CS Sociales
Volumen 5 - Número 2 - 2026
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Castro Riaño, L. C. (2026). Liderazgos, trayectorias y atribución de oportunidades/amenazas alrededor de la protesta social
en Colombia, 2002-2021. Revista Investigación & Praxis en CS Sociales, 5(2), 58–80.
En el grupo de los desmovilizados un excombatiente de las FARC-EP señaló que, antes de
la firma de los acuerdos de paz, “siempre participaron de diferentes formas en la protesta, con
mucha latencia, estando ahí, presentes, acompañando, motivando, tratando de organizar”.
Después del proceso de reincorporación se sumaron en calidad de excombatientes, con el aval su
partido político Comunes y, durante el 21N y el 28A, lo hicieron con otras organizaciones sociales,
“desde el arte y la cultura, hablando sobre el proceso de paz, hablando sobre el acuerdo de paz,
construyendo tejido” (Jacobo, comunicación personal, 28 de octubre de 2024).
3.2 Sujetos
En conformidad con las evidencias empíricas el 28A fue el episodio de protestas más
dinámico de todo el periodo, debido a factores como el surgimiento masivo de organizaciones y a
la intensificación del activismo entre ellas. No obstante, el hecho no fue enteramente espontaneo
como se ha afirmado en varios lugares (Cruz, 2022; Medina, 2022; Archila y García, 2023; Estada et
al., 2023; Lozano et al., 2023; Vega, 2022). De acuerdo a las entrevistas realizadas, este paro
nacional se desarrolló a raíz de tres variantes. En primer lugar, conforme a la activación de
organizaciones con presencia y reconocimiento en barrios donde posteriormente se conformaron
puntos de resistencia. En segundo lugar, en la medida en que a esos puntos llegaron
organizaciones de otros barrios. En tercer lugar, debido a las personas que acudieron
individualmente y, estando allí, conformaron organizaciones derivadas (Tarrow, 2023) como las
tácticas defensivas denominadas Primera Línea (PL), cuyo fin era proteger la protesta de los
abusos de la fuerza pública.
En términos de identidad y origen socioeconómico, por un lado, se trató mayoritariamente
de formaciones diversas de activistas provenientes de distintos estratos, cuyas trayectorias de
lucha iniciaron a principios de este siglo o antes (barras bravas, colectivos feministas, de hip-hop,
de veganos, de artesanos hacedores del oficio, de artistas, etc.). Por otro lado, si bien es cierto que
una buena parte de estos actores estaba conformada por población joven de sectores populares
(Aguilar Forero, 2022; Archila y García, 2023; Vélez y Vargas 2023), hubo un porcentaje amplio de
sujetos de diferentes edades con formación universitaria, o política, que también participó y
asumió liderazgos. Por ejemplo, se sumaron estudiantes y profesores universitarios, profesionales
de áreas como la salud, el derecho o el trabajo social, etc. (Vélez y Vargas, 2023; CNMH, 2024).
En términos organizativos se trató de dos expresiones organizativas: organizaciones de base
(McCarthy, 1999) que actuaban previamente desde los barrios o comunidades, otorgando
continuidad a la organización en contextos de reflujo social con actividades diversas; y redes
interpersonales o cadenas fugases de individuos (Tarrow, 2023), que ofrecieron oportunidades de
adhesión, discusión y cooperación para la protesta.
En el caso de las organizaciones de base, una buena parte de sus integrantes contaba con
una trayectoria amplia en materia de activismo y protesta social, muchos la iniciaron en sus
tiempos de estudiantes universitarios y desde hace años venían trabajando al interior de barrios