ISSN: 2954-5331 / Revista investigación & praxis en CS Sociales
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Castro Riaño, L. C. (2026). Liderazgos, trayectorias y atribución de oportunidades/amenazas
alrededor de la protesta social en Colombia, 2002-2021. Revista Investigación & Praxis En CS
Sociales, 5(2)58-80. https://ojs.unipamplona.edu.co/ripcs
Liderazgos, trayectorias y atribución de
oportunidades/amenazas alrededor de la
protesta social en Colombia, 2002-2021
Leadership, trajectories, and the attribution of opportunities and threats
surrounding social protest in Colombia, 20022021
Luis Carlos Castro Riaño
1
1
Universidad Nacional de la Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Argentina.
Correspondencia:
lucacas2020@gmail.com
Derechos de autor 2025 Revista investigación & praxis en CS Sociales.
Esta obra está bajo una licencia internacional https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/
Recibido: 15 abril 2026.
Aceptado: 18 junio 2026.
Publicado: 31 julio 2026.
Como Citar: Castro Riaño, L. C. (2026). Liderazgos, trayectorias y atribución de
oportunidades/amenazas alrededor de la protesta social en Colombia, 2002-2021. Revista
Investigación & Praxis En CS Sociales, 5(2)58-80. https://ojs.unipamplona.edu.co/ripcs
Resumen: En Colombia, en 2021, en el marco del Paro Nacional del 28A, se
precipitó una jornada extraordinaria de protestas que fomentó la
producción de análisis diversos, valiosos para dimensionar su magnitud. Sin
embargo, buena parte consiste en estudios cortoplacistas que aducen los
hechos como actos espontáneos, producto de procesos políticos y/o
económicos de la coyuntura. En contraste, aquí se sostiene la tesis de que
el fenómeno se explica también por los acumulados de la cultura de la
protesta. Así, se aprecian en perspectiva resiente factores como los
liderazgos, las trayectorias de lucha y las atribuciones de las
oportunidades/amenazas para protestar. El objetivo es examinar cada uno
en relación a las experiencias de los actores, a sus dinámicas de interacción
y a sus motivaciones. La metodología es cualicuantitativa. Se implementan
técnicas como investigación documental, entrevistas en profundidad y
observación participante. Se concluye, entre otros aspectos, que las
usanzas movimientistas fueron elementales para motorizar el paro en
cuestión.
Palabras clave: Acción colectiva, ciclos de acción, agentes de gobierno,
desafiadores, sujetos.
Abstract: In 2021, the National Strike of April 28 (28A) in Colombia
triggered an extraordinary wave of protests that spurred a variety of
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analyses valuable for gauging the event's magnitude. However, much of
this work consists of short-term studies that frame the events as
spontaneous acts resulting from immediate political and/or economic
circumstances. In contrast, this study argues that the phenomenon is also
explained by the accumulated legacy of protest culture. Thus, factors such
as leadership, trajectories of struggle, and the perception of opportunities
and threats regarding protest are examined from a recent perspective. The
objective is to analyze each of these factors in relation to the actors'
experiences, interaction dynamics, and motivations. A mixed-methods
(qualitative-quantitative) approach is employed, utilizing techniques such
as documentary research, in-depth interviews, and participant
observation. The study concludes, among other findings, that established
movement practices were fundamental in driving the strike in question.
Keywords: Collective action, cycles of action, government agents,
challengers, subjects.
1. INTRODUCCIÓN
En Colombia, en el marco del Paro Nacional del 28 de abril de 2021 (28A), tuvo lugar una
jornada de protestas extraordinaria en términos de magnitud, apoyo ciudadano y duración,
cuyos análisis especializados la explican en perspectiva cortoplacista, como un suceso
espontaneo que se precipitó a razón de los procesos políticos y económicos de la coyuntura.
Así, sus autores destacan situaciones excepcionales, que infieren en materia de
transformaciones o novedades del fenómeno en mismo, en comparación con los
antecedentes inmediatos como el tema de los liderazgos juveniles sin considerar a fondo la
cultura de la protesta, los actos de la experiencia o las trayectorias de lucha a largo plazo, de
los actores que protagonizaron los hechos, en esas circunstancias (Aguilar Forero, 2020; 2022;
Cruz, 2022; González, 2022; Medina, 2022; Vega, 2022; Archila y García, 2023; Estrada,
Jiménez y Puello, 2023; Vélez y Vargas, 2023; CNMH, 2024).
Para abordar dicha vacancia epistemológica, este artículo examina cómo se configuró la
atribución de oportunidades y amenazas políticas en los ciclos de acción colectiva nacional en
Colombia entre 2002 y 2021, considerando las experiencias previas de los sectores
promoventes y la interacción entre los actores en disputa, con especial atención a Bogotá y
Cali durante el paro del 28A. Si bien la investigación marco analiza los procesos causales de
corto, mediano y largo plazo en sus dimensiones política, organizativa, discursiva, disruptiva,
emocional y de liderazgo, el presente articulo tiene como objetivo específico examinar la
atribución de oportunidades y amenazas en los hitos más visibles de estas dos décadas,
articulando la trayectoria de sus promotores, la dinámica del conflicto y sus percepciones
contextuales.
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La investigación adoptó un diseño mixto con predominio cualitativo basado en investigación
documental, observación participante en Bogotá y entrevistas en profundidad a integrantes
de 42 organizaciones en ambas ciudades. El análisis observacional, conversacional y de
contenido (Marradi et al., 2018) se articuló a partir de datos estadísticos del CINEP, relatos
directos, literatura especializada, comunicados y diarios de campo. Teóricamente, bajo el
enfoque de la contienda política, los actores se conciben como sujetos dinámicos divididos en
agentes de gobierno, desafiadores y sujetos (McAdam et al., 2005). Sobre esta base, el estudio
analiza las trayectorias de los actores, la atribución de oportunidades y amenazas (Tarrow,
2023), así como la acción colectiva y los ciclos de protesta en sus fases de intensificación,
radicalización y agotamiento.
2. ACTORES Y LUCHAS
Entre 2002 y 2021 se registraron en Colombia cuatro ciclos de acción colectiva en torno a
contiendas políticas de carácter fiscal. El primero tuvo lugar en 2007 a raíz del proyecto de
reforma al Sistema General de Participaciones (SGP), presentado durante el segundo mandato
de Álvaro Uribe Vélez (2006-2010). El segundo se desencadenó en 2011 frente a la propuesta
de reforma a la Ley de Educación Superior, promovida en la primera presidencia de Juan
Manuel Santos (2010-2014). El tercero emergió en 2013 como respuesta a las políticas
arancelarias que afectaban al sector agrario y a su progresivo deterioro. Finalmente, durante
la administración de Iván Duque Márquez (2018-2022), se desarrollaron dos Paros Nacionales
estrechamente imbricados: el del 21 de noviembre de 2019 (21N), contra la Ley de
Crecimiento Económico, y el del 28 de abril de 2021 (28A), en oposición a la Ley de Solidaridad
Sostenible.
En cuanto a la tipología de los actores sociales movilizados durante el periodo, el Centro de
Investigación y Educación Popular (CINEP) identifica 16 categorías basadas en su visibilidad
pública (Archila, 2019; García, 2019). Para efectos de este estudio, dichas
categorías se reagrupan en tres niveles según el volumen anual de protestas: i) activismo
intenso (entre 100 y 350 eventos); i) activismo moderado (entre 35 y 100 eventos); y iii)
activismo bajo o marginal (menos de 35 eventos).
El grupo de activismo intenso comprende cinco sectores principales: los pobladores urbanos,
quienes protagonizaron cinco picos de movilización con un promedio de 227 protestas
anuales; los asalariados y empleados del sector oficial, con seis picos de intensidad y una
media cercana a las 160 luchas por año; los estudiantes (universitarios y de secundaria),
líderes de cuatro picos de protesta y un promedio anual de 99 acciones; los trabajadores
independientes o por cuenta propia, quienes registraron cuatro picos y un promedio de 72
eventos al año; y los pobladores de fronteras urbano-rurales habitantes de municipios y
veredas aledañas a los grandes centros urbanos, que alcanzaron cinco picos con una media
de 52 luchas anuales.
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Fig 1: Actores sociales con un activismo intenso en el país entre 2002-2021
Fuente: elaboración propia a partir de datos obtenidos del Cinep (2024a). Esta serie de gráficos
permite apreciar las similitudes y diferencias de las luchas de los actores sociales, cuyo registro osciló
entre cien y trescientos cincuenta eventos anuales a lo largo del periodo.
El segundo grupo incluye los campesinos que alcanzaron tres picos y un promedio de 45
situaciones de protesta por año. Los grupos étnicos, entre los que se destaca la participación
de indígenas y afrocolombianos, que lograron materializar también tres picos y promediaron
44 luchas anuales. Los familiares/víctimas de la violencia cuyo registro más destacado fue en
2007, con un promedio fue de 43 situaciones de protesta cada año. Los gremios o sectores
empresariales, como los transportadores y comerciantes, que registraron tres picos y
aproximadamente 33 protestas anuales. Y las mujeres, o aquellas que reivindican en particular
la pertenencia al género femenino, con un registro de cuatro picos y un promedio de 18 actos
de protesta por año.
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Fig 2: Actores sociales con un activismo medio o moderado en el país entre
2002-2021.
Fuente: elaboración propia a partir de datos obtenidos del Cinep (2024a). Este conjunto de gráficos de polígono muestra la
irregularidad en términos de trayectoria de los actores sociales cuyo activismo aquí se considera moderado en la medida en
que realizaron entre cien y treinta y cinco protestas por año.
El tercer grupo incluye los actores con los porcentajes de protestas más bajos de todo el
periodo. Se trata de los reclusos, con cuatro momentos destacados y un promedio de 14
luchas por año. Los desplazados por el conflicto armado, que mantuvieron un promedio de 12
luchas anuales. La población LGBTIQ+, que registró cuatro picos y un promedio de 4
situaciones de protesta por año. Los migrantes, particularmente de procedencia venezolana,
que ingresaron a los registros desde 2015 y marcaron su momento más destacado en 2020.
Los desmovilizados o excombatientes, que no presentan una trayectoria continua, pues
aparecen y desaparecen en varias ocasiones. Y los ambientalistas o ecologistas, que se
distinguen entre todos los demás como el sector que protestó en menos oportunidades.
Fig. 3: Actores sociales con un activismo bajo o ínfimo en el país entre 2002-
2021.
Fuente: elaboración propia a partir de datos obtenidos del Cinep (2024a). Esta combinación de gráficos de polígonos y de
barras permite apreciar la irregularidad de las trayectorias de los actores sociales cuyo activismo aquí se considera bajo o
ínfimo, dado que realizaron menos de treinta y cinco protestas cada año.
Al examinar los casos de Bogotá y Cali, se observa que la participación de los actores
sociales reflejó la tendencia general del nivel nacional, aunque con variaciones significativas
entre ambas metrópolis. En relación con el activismo intenso, la capital se caracterizó por un
marcado incremento en la movilización de familiares y víctimas de la violencia, pobladores
urbanos, asalariados, estudiantes y trabajadores. En contraste, en Cali la intensidad de la
protesta recayó prioritariamente en tres grupos: pobladores urbanos, asalariados y
estudiantes. Respecto al activismo moderado, destaca en Bogotá la participación de la
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población desplazada, mientras que el activismo bajo o marginal en ambas ciudades estuvo
marcado por la escasa presencia de los pobladores de las fronteras urbano-rurales.
En cuanto a los picos de protesta registrados a lo largo del periodo, Bogotá evidenció en
2007 una fuerte presencia de familiares/víctimas de la violencia y de estudiantes; en 2011 y
2013 cobró protagonismo la acción de los pobladores urbanos, y en 2021 destacaron las
movilizaciones de los asalariados. Por su parte, en Cali, el sector estudiantil lideró la dinámica
en los años 2007, 2011 y 2013, cediendo el protagonismo en 2021 a los pobladores urbanos y
a un notable repunte en el activismo del sector asalariado.
Fig. 4: Participación en la protesta, por actor social en Bogotá, entre 2002 y
2021.
Fuente: elaboración propia a partir de datos obtenidos del Cinep (2024b). El gráfico permite apreciar la posición de los
actores en orden ascendente según el porcentaje de participación en la protesta en Bogotá, a lo largo del periodo de
estudio, marcado por un eje adicional que resalta el protagonismo de los pobladores urbanos.
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Fig. 5: Participación en la protesta, por actor social en Cali, entre 2002 y 2021.
Fuente: elaboración propia a partir de datos obtenidos del Cinep (2024c). El gráfico permite apreciar la posición de los
actores en orden ascendente según el porcentaje de participación en la protesta en Cali, a lo largo del periodo de estudio,
marcado por un eje adicional que resalta el protagonismo de los pobladores urbanos.
3. LÓGICAS DE AGRUPACIÓN Y PROTAGONISMOS SECTORIALES
A propósito de los liderazgos, es importante anotar que las variaciones que muestran los
registros estadísticos, en relación a la participación de los actores sociales en las luchas
registradas entre 2002 y 2021, son el resultado de procesos diferenciados. Se aluden dos,
latentes en los cuatro ciclos de acción colectiva identificados, que se desplegaron a escala
nacional especialmente durante el 28A. Por una parte, desafiadores y sujetos simpatizaron
con diferentes causas y se sumaron a reclamos particulares de manera individual o colectiva,
para visibilizar sus propias reivindicaciones; por otra parte, lo hicieron de forma imperceptible
a simple vista, generalmente en el desarrollo mismo de las protestas, lo cual eclipsó el
protagonismo de unos y otros.
Ciertamente, en 2007, al Paro Nacional del Magisterio, encabezado por la Federación
Colombiana de Educadores (FECODE), se sumaron los estudiantes de secundaria de colegios
oficiales; los estudiantes de universidades públicas; las centrales de trabajadores y sectores
de la salud; los desplazados y los familiares/víctimas de la violencia (Archila, 2019; “Se
acentúan las protestas”, 2007).
En 2011, al Paro Nacional Universitario, protagonizado por la Mesa Amplia Nacional
Estudiantil (MANE), además de los estudiantes de universidades privadas, los padres de
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familia de los universitarios, los rectores, los docentes y los trabajadores de ese ámbito, se
sumaron también: FECODE, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la Coordinadora de
Movimientos Sociales de Colombia (Comosocol), y movimientos políticos que aglutinaban
campesinos con grupos étnicos y otros sectores, como Marcha Patriótica1 (Cruz, 2017a).
En 2013, al Paro Nacional Agrario, protagonizado por el Coordinador Nacional Agrario
(CNA), la Mesa Nacional Agraria y Popular de Interlocución y Cuerdo (MIA) y la Dignidad
Agraria (DA), se sumaron entre otros actores: los camioneros, los trabajadores de la salud, los
estudiantes, los grupos étnicos, el Congreso de los Pueblos2, Marcha Patriótica y los sindicatos
de trabajadores estatales (Archila, et al., 2014; Cruz, 2017b; González, 2019).
A los Paros Nacionales convocados por los diferentes sectores que se aglutinaron en el
Comité Nacional del Paro (CNP), el 21N y el 28A, se sumó una constelación de sectores que
aparece subsumida en la tipología del Cinep. Archila y García (2023) afirman que este episodio
se masificó y perduró gracias a la participación variopinta, que resultó de la articulación de los
actores tradicionales con grupos que no se destacan propiamente por salir a la calle a
protestar, ejemplo, las barras futboleras, los veganos o los amantes del Hip-Hop. Estos y otros
investigadores le atribuyen el protagonismo a las juventudes y a las mujeres en particular
(Aguilar Forero, 2022; Cruz, 2022; González, 2022; Vega, 2022; Estrada et al., 2023; Lozano,
Montoya y Nossa, 2023; Vélez y Vargas; 2023; CNMH, 2024).
Esta suerte de eclipse protagónico de los actores sociales que participaron en los ciclos
identificados en el periodo se explica por varias circunstancias. Por ejemplo, con las mujeres
y los estudiantes, que adelantaron sus luchas específicas, pero que también se activaron por
reivindicaciones de carácter social en las movilizaciones de pobladores urbanos, asalariados,
trabajadores independientes, campesinos, etc. En esta lógica se puede aducir que los
desafiadores unas veces actuaron como tal y otras como sujetos, mezclados con la ciudadanía,
en una especie de activismo itinerante o irregular, dependiente del contexto y de sus intereses
particulares.
En efecto, durante el ciclo de protestas de 2021, aparentemente las participaciones
individuales de algunos sectores tendieron a disminuir, mientras que las juventudes aparecían
diferenciadas como actores emergentes. Sin embargo, de acuerdo con los testimonios de
varios de los participantes entrevistados, detrás de esos protagonismos siempre existieron
otros no menos importantes. En la voz de una integrante del Movimiento Nacional de Mujeres
por la Paz:
El paro nacional fue un movimiento de jóvenes, venes digo, chicos y chicas, pero las
mujeres siempre han sido protagonistas. Lo que ocurre es que la historia la cuentan los
varones, no la cuentan las mujeres. ¿Quiénes estuvieron en las ollas comunitarias?: las
mujeres. ¿Quiénes asumieron las labores de salud, de defensa, los liderazgos?: las mujeres.
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¡Y hubo esa tendencia a silenciarlas! Es que el protagonismo era de las primeras neas,
decían, pero las mujeres estuvieron ahí. (María Ramírez, comunicación personal, 22 de
noviembre de 2024).
En este sentido, se puede afirmar que se trató de “actores subalternos” (Archila, 2018, p.
81) con identidades políticas que no contienen un atributo fijo de desafiadores y sujetos, sino
que varían entre lo que se puede considerar como “identidades incrustadas” e “identidades
distantes”, que describen su conexión con la vida social permanente o esporádica. El primer
tipo moldea “un amplio espectro de relaciones sociales rutinarias” como las que se establecen
en lugares de trabajo, mientras que el segundo tipo hace lo propio con “un abanico
restringido, especializado, de relaciones sociales intermitentes” (McAdam et al., 2005, p. 149),
como las que tienen lugar en los ámbitos educativos. En otras palabras, identidades políticas
contingentes, construidas y alteradas a partir de las propias relaciones entre los grupos de
actores subalternos, pero también de las oportunidades/amenazas para su movilización.
En la mayoría de los casos, eran actores que habían surgido en las zonas urbanas populares
o rurales del país y que contaban con largas trayectorias de lucha, pese al cambio
generacional, por ejemplo, los asalariados o los campesinos. En otros casos, como sucedió con
los desplazados o los desmovilizados, su emergencia tuvo lugar en zonas rurales,
especialmente aquellas donde el Estado no hace presencia (García, et al., 2005), y desde allí
se trasladaron a las grandes capitales.
Conforme a los testimonios recabados en Bogotá y Cali, la gran mayoría de desafiadores y
sujetos que se agregaron al paro nacional del 28A había participado igualmente del Paro
Nacional del 21N, e incluso de sucesos que tuvieron lugar con bastante anterioridad. En este
sentido, a partir del ciclo de protestas de 2021, es posible aproximarse a sus trayectorias y
dinámicas de participación en todo el periodo.
3.1. Desafiadores
La agregación de los desafiadores inició en la etapa de difusión del ciclo, durante la
divulgación y debate del proyecto de Ley de Crecimiento Económico, entre los partidos
oficialistas, gremios económicos, partidos independientes y los partidos de oposición al GN.
Esta práctica fue muy similar a las dinámicas de los demás episodios de alcance nacional, más
allá de la organización convocante: en este caso el CNP.
Todos los sectores que se articularon en dicha estructura (asalariados, campesinos,
estudiantes, gremios, grupos étnicos, mujeres, etc.) contaban con historial de activismo
amplio, importante en rminos de experiencia movimientista. Por ejemplo, los indígenas que,
según uno de sus integrantes, venían participando de las luchas de los demás desafiadores
desde 2003, “con el fin de apoyar, pero también como parte de una estrategia sectorial, que
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inició en el decenio de 1970, para actualizar y visibilizar sus reivindicaciones históricas” (Fabio,
comunicación personal, 06 de junio de 2021).
Entre este grupo poblacional se destaca la trayectoria de la comunidad Misak que
protagonizó el derribamiento de las estatuas de Sebastián de Belalcazar, en Popayán3, en
2020, y Cali, en 2021. Uno de sus integrantes comentaba su experiencia personal desde su
iniciación en la lucha indígena:
Bueno, he venido acompañando, tanto a mi organización como a mi comunidad,
prácticamente desde los 12 años. Fui coordinador de la guardia indígena Pubenense del
Movimiento de Autoridades Indígenas del Sur Occidente colombiano desde el 2019. Y
participamos en los largos meses de resistencia en la ciudad de Bogotá, en Tolima, en Popayán
y en el departamento del Huila, en 2021. (Luis Ussa, comunicación personal, 28 de octubre de
2024).
En el caso de los pobladores urbanos la trayectoria es igualmente amplia y está marcada
por diferentes situaciones. Por ejemplo, una parte de los activistas que se movilizaron en 2019
y 2021 era ex militantes de partidos que se conformaron en procesos de pacificación entre el
GN y varios grupos guerrilleros que se crearon en la segunda mitad del siglo pasado, como la
Unión Patriótica o la Alianza Democrática M-19. En Cali, uno de los integrantes del
Movimiento Sin Techo, se refirió a esta cuestión:
Nosotros venimos del movimiento social hace muchos años, yo soy un sobreviviente de la
Unión Patriótica, un movimiento que fue exterminado a tiros en los noventa, y pues venimos
desde esa época. Venimos con Marcha Patriótica, con los procesos de reivindicación
estudiantil en 2011 y agraria, en 2013 y 2014, organizándonos, mirando la perspectiva de
disputa por el derecho a la ciudad, con la represión a cuestas. Nosotros fuimos parte de las
protestas de 2019 como organización social. Acá en Cali hay un Comité de Paro, donde se
reúnen todas las expresiones sociales y el movimiento sindical a discutir la movilización, y es
desde ahí donde se coordinan todas las acciones. (Jorge, comunicación personal, 24 de
octubre de 2024).
Varias de los participantes entrevistados destacaban sus experiencias movimientistas como
una especie de formación política, que les ha permitido ampliar su perspectiva crítica para
sumarse a una causa determinada. Al respecto una de las integrantes del Movimientos
Nacional de Mujeres por la Paz, señaló que se inició en el tema del activismo en la década del
setenta, cuando tenía 20 años, y desde entonces participó en diferentes causas:
Ya me había movido en muchos espacios barriales y populares, sin tener muy claros los
problemas. Hay varios hitos en los que he estado presente con otras personas, con otros
movimientos sociales, por ejemplo, en el Paro Cívico de 1977, el 14 de septiembre. Yo soy de
la generación que nació y tuvo como horizonte la Revolución Cubana, después la Revolución
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Nicaragüense, y lo que fue la subida de Allende, con la Unidad Popular, en Chile. Hice parte
del movimiento estudiantil, de la lucha por la educación. Esa fue una experiencia importante
para porque me ayudó a adquirir conciencia de la pobreza, la discriminación y las
desigualdades que persisten a pesar del tiempo. Al feminismo llegué detrás de todas estas
luchas, como desde los os ochenta. (María Ramírez, comunicación personal, 22 de
noviembre de 2024).
Sin duda alguna, todos estos actores se configuraron en diferentes contextos, algunos
caracterizados por la violencia directa y, desde entonces, optaron por la protesta como una
vía de participación política. Por ejemplo: los familiares/víctimas de la violencia, los
desplazados o los desmovilizados. En el primer grupo, Rubiela, integrante de la asociación
Madres de los Falsos Positivos (Mafapo), señaló que durante años pensó que el asesinato de
su hijo era una confusión, hasta que se enteró que había más mujeres en la misma condición,
y se sumó a la organización, en 2010. Desde ese momento, inició su lucha por conocer la
verdad sobre los hechos y, junto a sus compañeras, empezó a sumarse a las protestas como
forma de denuncia de los “crímenes de Estado” (Rubiela, comunicación personal, 06 de junio
de 2021).
En el grupo de los desplazados una integrante de la Fundación Víctimas Vulnerables
Mujeres Afro, señaló que ella y sus compañeros decidieron crear esa organización en 2017,
para ayudar a más desplazados, pero también por la defensa de la vida, del territorio y del
medio ambiente” (Paola, comunicación personal, 29 de octubre de 2024).
En el grupo de los desmovilizados un excombatiente de las FARC-EP señaló que, antes de la
firma de los acuerdos de paz, “siempre participaron de diferentes formas en la protesta, con
mucha latencia, estando ahí, presentes, acompañando, motivando, tratando de organizar”.
Después del proceso de reincorporación se sumaron en calidad de excombatientes, con el aval
su partido político Comunes y, durante el 21N y el 28A, lo hicieron con otras organizaciones
sociales, “desde el arte y la cultura, hablando sobre el proceso de paz, hablando sobre el
acuerdo de paz, construyendo tejido” (Jacobo, comunicación personal, 28 de octubre de
2024).
3.2. Sujetos
En conformidad con las evidencias empíricas el 28A fue el episodio de protestas más
dinámico de todo el periodo, debido a factores como el surgimiento masivo de organizaciones
y a la intensificación del activismo entre ellas. No obstante, el hecho no fue enteramente
espontaneo como se ha afirmado en varios lugares (Cruz, 2022; Medina, 2022; Archila y
García, 2023; Estada et al., 2023; Lozano et al., 2023; Vega, 2022). De acuerdo a las entrevistas
realizadas, este paro nacional se desarrolló a raíz de tres variantes. En primer lugar, conforme
a la activación de organizaciones con presencia y reconocimiento en barrios donde
posteriormente se conformaron puntos de resistencia. En segundo lugar, en la medida en que
a esos puntos llegaron organizaciones de otros barrios. En tercer lugar, debido a las personas
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que acudieron individualmente y, estando allí, conformaron organizaciones derivadas
(Tarrow, 2023) como las tácticas defensivas denominadas Primera Línea (PL), cuyo fin era
proteger la protesta de los abusos de la fuerza pública.
Respecto a la identidad y el origen socioeconómico de los participantes, se identificó un
perfil heterogéneo integrado por activistas de diversos estratos con trayectorias previas en
múltiples colectividades, jóvenes de sectores populares (Aguilar Forero, 2022; Archila y
García, 2023; Vélez y Vargas, 2023) y un amplio sector intergeneracional con formación
académica y política que asumió roles de liderazgo (CNMH, 2024; Vélez y Vargas, 2023). En el
plano organizativo, la movilización se sostuvo sobre dos dinámicas complementarias: i)
organizaciones de base (McCarthy, 1999) con arraigo territorial previo que garantizan la
continuidad organizativa; y ii) redes interpersonales o cadenas fugaces (Tarrow, 2023) que
facilitaron la adhesión, discusión y cooperación coyuntural durante la protesta.
En el caso de las organizaciones de base, una buena parte de sus integrantes contaba con
una trayectoria amplia en materia de activismo y protesta social, muchos la iniciaron en sus
tiempos de estudiantes universitarios y desde hace años venían trabajando al interior de
barrios populares. Uno de los integrantes del Colectivo Teatral Hijos del Sur, de la Localidad
de Usme en Bogotá, indicaba que su organización se gestó en 2008, como proyecto de
educación popular formado por diferentes profesionales, y que desde entonces participaron
de distintas formas en la protesta, como una alternativa a la lucha sindicalista:
Desde un principio digamos que buscamos unirnos con otras organizaciones de Usme4.
Entonces estaba el OIDH, que era el Observatorio Internacional de Derechos Humanos, estaba
la Plataforma Social de Usme, gente del partido Comunista y otras agrupaciones. Entonces
salíamos a celebrar el primero de mayo desde el sur. Era como una apuesta con la idea un
poco de que las movilizaciones no fueran al centro, a la plaza de Bolívar, con los sindicatos y
ya, sino que empezar a organizar a la gente desde los barrios. Nos encontrábamos para fechas
especiales, nos movilizábamos al interior de los barrios Santa Librada, Alfonso López, Usme
pueblo, la Marichuela, y hacíamos actividades. Dijimos: algo hay que hacer pa movilizar a la
gente en los barrios porque no todo el mundo va al centro ni está comiéndose este carreto
del sindicato. Creo que fue un momento importante porque lo mismo estaba pasando en
Bosa, lo mismo estaba pasando en Kennedy, lo mismo estaba pasando en Suba. (Juan,
comunicación personal, 05 de noviembre de 2024).
Este tipo de narraciones se repitió en la mayoría de entrevistas que se llevaron a cabo tanto
en Bogotá como en Cali. En esta última ciudad un integrante de la Organización Social y Política
Atrévete, señaló lo siguiente:
El primer escenario de protesta en el que participamos fue el Movimiento Estudiantil, por
allá en el 2014, 2015, previo al plebiscito, en beneficio del acuerdo de paz que se estaba
adelantando entre las FARC-EP y el Estado colombiano. Arrancamos un proceso de pedagogía,
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no solamente en clave de lo universitario, sino también en clave de lo barrial. Entonces ahí
empieza todo un proceso de movilización, de liderazgo, siempre de una manera muy
disruptiva, respondiendo a ese espíritu de lo juvenil, y eso nos permitió empezar a profundizar
en todos los procesos de movilización previos al estallido social en diferentes comunas.
(Carlos, comunicación personal, 27 de octubre de 2024).
Es importante anotar que el tema del activismo político al interior de barrios populares,
generalmente ubicados en la periferia de las ciudades, también fue relevante porque
precisamente, en el contexto del 28A, en varios de esos lugares se instalaron los puntos de
resistencia o fortines5 donde confluyeron miles de sujetos para protestar. Es decir, en esos
lugares, tradicionalmente azotados por la delincuencia común, la presencia de bandas
criminales y el microtráfico, se conformaron varias agrupaciones de base para combatir las
situaciones de violencia, a lo largo de la segunda década del siglo en curso. Otro ejemplo,
también en Cali, es el de la Red Amplia la Colcha, cuya visión de sus fundadores fue la de
promover el desarme ciudadano. A propósito, una de sus integrantes afirmó lo siguiente:
La red nace en el 2017 con un llamado ciudadano que hace el obispo de la ciudad, en ese
momento Monseñor Darío Jesús Monsalve, a unir fuerzas entre la sociedad civil, instituciones,
e iglesia, etc., para promover el desarme ciudadano. Estaba muy sentida esta situación de la
famosa bala pérdida. Esto de los ataques entre los jóvenes, en los parques, como toda esta
dinámica de la violencia urbana y barrial que se ve, sobre todo, en los barrios populares de la
ciudad. La Red empieza a configurarse como colectivo porque, a partir de ese llamamiento, se
empieza a realizar unos ejercicios formativos alrededor del liderazgo. (Sarah, comunicación
personal, 29 de octubre de 2024).
En el caso de las redes interpersonales, fueron cientos los sujetos que se sumaron de
manera permanente, y miles los que lo hicieron de forma esporádica, pero muy pocos los que
alcanzaron liderazgos en el sentido pleno del término pues, en parte, la intencionalidad era la
de evitar los roles de poder, concentrado en líderes específicos. Empero, las trayectorias de
aquellos que se agregaron por iniciativa propia de forma individual fueron fundamentales
en relación a los procesos organizativos y asamblearios que se realizaron posteriormente. En
este sentido, el relato de un integrante de la organización Primera Línea Resistencia a la
Indiferencia, en Cali, reúne varios puntos de vista en común de todos los participantes
entrevistados, en relación a la pregunta por las experiencias previas en contextos de protesta:
Mauricio (comunicación personal, 28 de octubre de 2024) describe una trayectoria de
socialización política iniciada en 2007 dentro del movimiento estudiantil secundario contra la
ley de transferencias territoriales. En su etapa universitaria, militó contra la reforma de
financiación del Plan Nacional de Desarrollo y participó activamente en la MANE durante las
protestas de 2011 contra la reforma a la Ley de Educación Superior, integrando los comités
operativo y técnico para la redacción del articulado alternativo. Posteriormente, amplió su
acción colectiva hacia plataformas intersectoriales como el Congreso de los Pueblos,
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participando en el Paro Agrario de 2013 (en zonas urbanas de ladera y regiones) y en el Paro
Cívico y Étnico de Buenaventura en 2017.Hicimos parte también del 21N, del “se están
metiendo a los conjuntos”6, que es uno de los antecedentes de 2021. (Mauricio,
comunicación personal, 28 de octubre de 2024).
A este respecto, es indudable el aporte y la participación de los estudiantes, tanto en los
eventos del 2021 como en los anteriores, pues, entre las 45 personas entrevistadas
seleccionadas al azar más de la mitad afirmó haberse iniciado en el activismo, cuando ingresó
a las filas del movimiento estudiantil. Un integrante del Espacio Comunitario al Calor de la
Olla, señaló que luego de su ingreso a la universidad a finales de 2010, participaba en cuanta
marcha se realizaba en contra del gobierno:
Recuerdo haber participado en el gobierno de Santos, cuando quiso privatizar la educación
superior, en el paro campesino, el plebiscito por la paz, que fue un movimiento bastante activo
en cuanto a la educación por todos los medios, por redes, por las calles, con volantes,
presentaciones. Yo me grad en 2016 y desde ese año a 2021 estuve haciendo trabajo
comunitario en Techotiva7. Ya en contextos de casas culturales, contextos de barrio, me
encontré con personas que atendían también temas de la colectividad, de organización de
movimientos, en cuanto a lo artístico y otros tipos de manifestaciones. Entonces se hizo un
trabajo colectivo en muchos campos, muchas situaciones cosa que, cuando llega la coyuntura,
ya sabemos cómo nos organizamos y en quién confiamos. La gente dice, en el Paro de 2019,
de 2021, que: ¿dónde estaban los universitarios? Pues bueno, estaban en las calles, en las
casas en los barrios, ya no unidos como antes en la universidad, sino unidos en los barrios.
Igual es gracias también a ese movimiento universitario que en los barrios uno podía tratar de
enseñar y de organizar a las personas, que no habían participado anteriormente de este tipo
de procesos. (Quyne, comunicación personal, 20 de noviembre de 2024)
Durante el paro emergieron y se consolidaron liderazgos emergentes sin trayectoria previa
significativa en la movilización social, aunque representaron un fenómeno acotado según la
evidencia del estudio y la literatura sobre el trabajo de campo (e.g., Lozano et al., 2023;
Medina, 2023; Vélez y Vargas, 2023). Este perfil se ejemplifica en testimonios de líderes en
Cali: un integrante de la Primera Línea de Puerto Rellena pasó de la labor comunitaria de barrio
a asumirse como luchador social (“P, Papas”, comunicación personal, 28 de octubre de 2024),
mientras que un vocero de la Primera Línea del sector La Nave, en Siloé (organización Red
Latiendo), se vinculó activamente a la protesta y a la vocería social sin experiencia previa en
esos escenarios, más allá de una tendencia previa a la defensa laboral (Andrés, comunicación
personal, 25 de octubre de 2024).
4. PROBABILIDADES PERCIBIDAS PARA PROTESTAR
En cada uno de los ciclos de acción colectiva que se precipitó a nivel nacional a lo largo del
periodo, la percepción de las situaciones problemáticas generalmente estuvo a cargo de los
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actores mejor posicionados, en materia de recursos y acceso rutinario a los organismos
gubernamentales. El GN, los partidos políticos del oficialismo, al igual que de la oposición, y
los desafiadores consolidados, eran básicamente quienes conocían de primera mano las
condiciones conflictivas. Por cierto, complementaron sus percepciones, tal cual cultura de la
protesta (Gusfield, 2014), con la perspectiva de expertos o autoridades competentes, como
una expresión retórica oficial de la problemática en cuestión. Los sujetos, por su parte
accedieron a la información por canales de prensa y por diferentes medios de comunicación
tradicionales y alternativos, principalmente redes sociales, a medida que su uso se masificó a
lo largo del periodo, en el marco de las convocatorias y el desarrollo de las protestas.
La interpretación de la coyuntura política generó disputas narrativas entre los actores para
imponer sus marcos de sentido (McAdam et al., 2005). El Gobierno Nacional justificó sus
iniciativas en la urgencia fiscal y la gobernabilidad, al tiempo que deslegitimó y criminalizó las
convocatorias a las marchas calificándolas de infundios o actos vandálicos. Por su parte,
aunque los partidos oficialistas mantuvieron esta narrativa gubernamental, marcaron
distancia en la coyuntura del 28A; en contraste, la oposición parlamentaria impulsó las
movilizaciones y catalogó la reforma como un «Paquetazo» con impacto regresivo sobre las
clases medias y populares.
En suma, los desafiadores, en una perspectiva similar a la promovida por los partidos de
oposición al gobierno, asumieron las circunstancias contextuales como producto de la
profundización de las políticas económicas aplicadas en el país, desde la década de 1990, por
prescripciones de la banca multilateral, y como efecto de las medidas institucionales de
supresión y represión de las expresiones de protesta. Los sujetos por su parte avistaron el
contexto de acuerdo a los hechos empíricos y a sus propias vivencias. A continuación, se
presenta una síntesis general de las probabilidades percibidas para protestar, por parte de
estos dos tipos de actores.
4.1. Atribuciones en 2007, 2011 y 2013
En 2007, en el contexto de la reforma al SGP, los maestros estatales asumieron el paro
como la continuación de la disputa por la distribución de los recursos públicos, que inició a
finales de la década de 1990, puesto que desde esa época se venía aplicando en el país una
serie de recortes presupuestales y privatizaciones de empresas públicas, para cumplir con los
pagos de la deuda externa. Al respecto, conviene señalar que en 2001 se recortó por primera
vez el porcentaje de las transferencias, para cubrir servicios de saneamiento en los
departamentos y municipios, y se acordó reestablecer la norma original en 2009.
Los encuadres discursivos e identitarios de FECODE (2007) y la MANE (2011) reconfiguraron
las demandas sectoriales en causas estructurales contra la política educativa. FECODE
denunció la reforma de transferencias como un incumplimiento gubernamental y un recorte
amparado en maniobras contables, articulando el descontento en el Paro Nacional del
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Magisterio de 2007 (FECODE, 2007a, 2007b, 2007c, 2007d). Por su parte, la MANE (2011)
enmarcó la reforma a la Ley de Educación Superior dentro de una ola internacional de
resistencia al neoliberalismo y como un acto de exclusión deliberada (MANE, 2011a, 2011b).
Asumiéndose como continuadores de las luchas históricas, la MANE desplegó un trabajo
emotivo y discursivo que permitió unificar al sector universitario y paralizar el sistema
educativo hasta lograr el archivo definitivo del proyecto.
En 2013, en el contexto de la crisis del sector agrario, los campesinos vincularon el alza con
los costos de los insumos, y su detrimento económico con los TLC que habían entrado en
vigencia los años anteriores, pero también con el incumplimiento de acuerdos establecidos
previamente con el GN, que se basaban en subsidios, refinanciación de créditos y reducción
arancelaria (“Tema del día”, 2013). Algunos de éstos fueron adquiridos en el primer semestre
del año, en medio de dos situaciones previas de protestas: el Paro Campesino del Catatumbo8
y del Paro Cafetero (González, 2019).
Sin embargo, para el campesinado se trataba de una deuda histórica que el Estado
colombiano tenía con el mundo rural, manifiesta en décadas de injusticias, desigualdad,
marginación económica y política, que consistía en la omisión sistemática de los derechos
establecidos en la Constitución Política de 1991, en particular de inversión en seguridad social,
educación, salud e infraestructura. El sector percibió la situación como una forma de
abandono estatal, por la falta de políticas apropiadas para el sector, que se profundizaba con
el arraigo de reformas fiscales de tipo neoliberal.
De acuerdo al comunicado que acompañaba uno de los pliegos de peticiones en ese
entonces, en la perspectiva de los campesinos, en las últimas décadas se había aplicado “todo
un paquete legislativo y normativo en materia de producción agropecuaria, minera,
energética, de vivienda y de servicios públicos”, que avanzaba en contra del bienestar del
pueblo y favorecía “los intereses del capital nacional e internacional” (MIA, 2013a). En 8
Región ubicada al nororiente del país, específicamente en los departamentos de Santander y
Cesar, conocida tanto por su riqueza y biodiversidad natural, como por tratarse de una zona
donde se ha desarrollado el conflicto armado que se vive en Colombia, hace más de sesenta
años.
consecuencia, el gremio se organizó en el CNA, la MIA y la DA, enarboló sus demandas con
las reivindicaciones de los demás desafiadores que también adelantaban campañas de
protesta en simultaneo, y convocó al Paro Nacional Agrario, que levantó paulatinamente,
después de establecer diferentes acuerdos con el GN, en el marco del Gran Pacto Agrario
(MIA, 2013b; Archila, et al., 2014; González, 2019).
4.2. Atribuciones en el 21N y el 28ª
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En el contexto del ciclo de protestas de 2021 los desafiadores, empezando por las centrales
de trabajadores y los demás sectores que se articularon en el CNP, en conformidad con
formaciones políticas de izquierda, percibieron el anuncio de la Ley de Crecimiento Económico
al igual que la Ley de Solidaridad Sostenible como parte de un paquete de reformas fiscales,
que incluía ajustes en el sistema laboral y el de pensiones, con el fin de beneficiar a los
empresarios del país. Así, asumieron que se trataba de la profundización de las políticas
económicas impuestas desde los años noventa. En respuesta, ante el anuncio de ambas
iniciativas de ley, organizaron el Paro Nacional del 21N y el Paro Nacional del 28A, con el
propósito de detener la aprobación de cada ley respectivamente, en el Congreso. Según uno
de los comunicados del CNP, “con el fin de derrotar las intenciones del gobierno de seguir
destruyendo al país, la paz, y los elementales derechos de los trabajadores y el pueblo” (CNP,
2019b).
En las coyunturas del 21N (2019) y el 28A (2021), el Comité Nacional de Paro (CNP)
identificó continuidades en la acumulación de agravios para convocar a la movilización masiva,
pasando del trámite legislativo a la impugnación del modelo económico. En el escenario del
21N, el CNP (2019a) caracterizó la propuesta como una medida para proteger al capital
financiero especulativo y privatizar la banca pública, sumado al incumplimiento de acuerdos
previos, los Acuerdos de Paz de 2016 y la violencia sistemática contra excombatientes y líderes
sociales. Para el 28A, el CNP (2021a, 2021b) problematizó la profundización de estas
condiciones bajo la pandemia de COVID-19, catalogando la nueva iniciativa tributaria como
un "asalto en la era neoliberal" articulado a organismos multilaterales (FMI, Banco Mundial,
BID, OCDE) para transferir el costo fiscal a las clases medias, trabajadoras y pensionadas.
Las percepciones entre los participantes entrevistados, que hacían parte de los grupos de
desafiadores, aludieron el mismo argumento como una oportunidad justa para protestar,
pero bajo su perspectiva sectorial. Por ejemplo, para los indígenas, se había cristalizado un
ambiente de violencia a raíz de prácticas y pensamientos colonialistas perpetuados, que era
necesario enfrentar. Para las víctimas/familiares de la violencia, una reforma representaba un
retroceso respecto al conflicto armado, que profundizaría la crisis y la inseguridad. Y para las
mujeres, el país atravesaba un periodo fluctuante con la persistencia de problemáticas
profundas, relacionadas con tendencias políticas de corte neoliberal. La integrante del
Movimiento Nacional de Mujeres por la Paz, en Bogotá, expresó esta cuestión en las siguientes
palabras:
Persiste, por ejemplo, el conflicto armado interno, a pesar de los acuerdos con las FARC.
Este es un escenario que tiene un impacto general en lo territorial, en lo campesino, en lo
indígena. El desplazamiento, el confinamiento, los asesinatos de líderes, lideresas, defensoras,
hacía parte de un periodo que afianzó el poder del patriarcado neoliberal. En ese momento
llegamos a ser el primer o segundo país más pobre de la región, un país en que persiste la
pobreza, en el que se agudizan las brechas laborales. Además, el modelo neoliberal y sus
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reformas empiezan a minar derechos económicos y sociales, ganados en luchas anteriores.
(María Ramírez, comunicación personal, 22 de noviembre de 2024)
Los sujetos igualmente aludieron estas circunstancias como un cúmulo de oportunidades
para protestar, hicieron énfasis en los sucesos problemáticos más recientes, y atribuyeron la
responsabilidad particularmente al gobierno de Iván Duque Márquez, por representar la
continuidad del expresidente Álvaro Uribe Vélez y de las políticas aplicadas durante los dos
periodos en los cuales éste estuvo al frente del ejecutivo. Sin embargo, en vez de aludir a las
explicaciones tradicionales enunciadas por los desafiadores como oportunidades para
protestar, señalaron situaciones que experimentaron de manera directa o indirecta.
En este orden de ideas, las circunstancias percibidas por estos actores, como apropiadas
para la acción colectiva, fueron diversas. En Cali, por ejemplo, un integrante del Colectivo
Unidos en Resistencia, indicó lo siguiente:
Veníamos de un proceso de paz en el que no había voluntad política para implementar los
acuerdos de 2016, aumentaba el desplazamiento forzado del pacífico que llegó hasta el
oriente de la ciudad, y también estaba el tema de que veníamos de una pandemia donde se
reflejó la vulnerabilidad de gran parte de la población. En medio de esas situaciones el
Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, le quería poner impuestos a la canasta familiar y
afirmó que la docena de huevos costaba mil ochocientos pesos, cuando en realidad costaba
alrededor de veinticinco mil pesos. Entonces ese fue el detonante, pero la problemática era
mucho más profunda. Era todo un modelo económico, político y social, que había
profundizado la crisis. Un hecho encima del otro. En el 2019, me acuerdo mucho, de los
bombardeos de los campamentos de la guerrilla, donde se encontraban menores de edad,
que fueron dados de baja como máquinas de guerra. Eso causa una indignación
impresionante. (Peter, comunicación personal, 27 de octubre de 2024).
Para los sujetos, en algunas ocasiones, la percepción de la oportunidad surgió en el
contexto del 21N, en una suerte de acto de conciencia que les permitió advertir que su
situación particular en realidad era compartida por miles de personas. Entonces, como indicó
en Cali, Jorge, integrante del Movimiento Sin Techo, era solo cuestión de prepararse y esperar
el momento preciso para expresar el malestar acumulado. En Bogotá, una integrante del
Colectivo de Músicos de la Segunda Línea, afirmó lo siguiente:
Nos encontrábamos con los parches de músicos sintiendo que estábamos muy mal, que no
teníamos derechos, entonces como que en ese momento todo se junta. Desde 2019
arrancamos como a articularnos; en realidad fue como que nos encontramos en las calles,
cuando empezaron las grandes marchas. Entonces nos damos cuenta que todos estamos en
el mismo nivel, en el mismo lado: el lado de los jodidos. Todos estábamos igual de jodidos,
por más que fueras músico de jazz o de folclor, todos estábamos jodidos. Así fue como nos
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juntamos para salir a tocar, para salir de la frustración tocando. (Andrea, comunicación
personal, 15 de noviembre de 2024).
En otras circunstancias la percepción de la oportunidad para protestar surgió con la
posibilidad de satisfacer los impulsos fisiológicos, como sugiere Jasper (2018), sobre todo por
parte de aquellos que lo estaban pasando mal a causa de la crisis por la emergencia sanitaria
del Covid-19, que en el país se vivía todavía en 2021. Por ejemplo, en Bogotá, uno de los
integrantes del Colectivo Hijxs de Usminia y de la Primera Línea que hizo presencia en la
localidad de Usme, afirmó que el hambre fue un aliciente a favor, en el marco del 28A,
independientemente de la motivación política generada por el anuncio de la Ley en proceso
de aprobación:
Fue como la rabia que venía desde el 2020. Estar encerrados, con hambre con ganas de
salir, pasando necesidades, viendo que no había un gobierno que apoyara, entonces al
momento de la protesta, todo el mundo salió a decir: tengo hambre, necesitamos cambios
reales, esa reforma nos va a afectar más el bolsillo. Ese fue el estartazo. Te levantas un día,
sales te das cuenta que no hay plata para comida, pero que hay plata para comprar
armamento para reprimir al manifestante. Entonces eso es lo que ya lo impulsa a uno a
preguntarse: ¿ahora qué vamos a hacer? (Copete, comunicación personal, 02 de noviembre
de 2024).
A medida que la movilización avanzaba, los actores experimentaron una «expansión de las
propias oportunidades» (Tarrow, 2023, p. 291) impulsada por la dinámica misma del conflicto.
En el nivel local, esta apertura se tradujo en motivaciones diversas para sumarse a la protesta:
desde la visibilización y difusión de luchas barriales y procesos comunitarios previos (M.
Rodríguez, comunicación personal, 2024), pasando por la solidaridad intergrupal y el apoyo
afectivo a redes de pares (A. Andrea, comunicación personal, 2024), hasta la convergencia
espontánea de sectores motivados por el descontento general frente a la coyuntura
socioeconómica y los efectos de la pandemia (V. Vladimir, comunicación personal, 2 de
noviembre de 2024).
Para la mayoría de los participantes entrevistados, las oportunidades percibidas para
protestar se sustentaban en la crisis económica, profundizada por la pandemia, y se
exacerbaban con las medidas represivas que aplicó el GN, con el argumento de contenerlo.
En Cali, por ejemplo, una integrante de la Organización Social y Política Atrévete, indicaba lo
siguiente:
Nos dábamos cuenta que teníamos muchas razones para salir, más allá de la reforma
tributaria o del sistema de salud. Muchas personas iban y nos decía: tengo hambre. Y
simplemente entendimos, desde nuestro lugar, desde el barrio y desde nuestra hambre, que
hay cosas que están mal, que hay cosas que hay que transformar. Entonces siento que la
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reforma tributaria fue algo que movilizó el estallido social, pero que alrededor de él muchas
cosas se fueron transformando en cuestión de las razones. Cada día era una razón para
quedarse, porque cada día había más muertos y cada día había más desaparecidos. Cuando
avanzaba el Paro Nacional era como: listo, están estas razones, hay un sistema de salud
precario, hay una desigualdad económica y social gigantesca, hay reformas tributarias
regresivas. Sin embargo, se iban sumando más razones como: venga, necesitamos
transparencia; necesitamos verdad; no necesitamos represión; entonces ¿qué pasa con los
caídos, por qué nos reprimen? Y ahí se fueron dando también otras narrativas, de justicia, de
verdad. (Angie, comunicación personal, 29 de octubre de 2024).
Este aspecto no es menor si se considera que la mayoría de los entrevistados atribuyó su
participación en el Paro Nacional del 28A a la represión que la fuerza pública desplegó, sin
distinción alguna, sobre ellos mismos o sobre las personas que salieron a las calles a protestar
en ese contexto. Es decir, la violencia además de ejercer como antecedente, o como novedad
de este ciclo en especial, se desempeñó como uno de sus factores causales fundamentales,
allende a los aspectos políticos o económicos a los cuales se le atribuye el fenómeno, en el
grueso de la literatura consultada.
5. CONCLUSIONES
En suma, en consideración con los ciclos de acción colectiva que se desarrollaron a escala
nacional en Colombia, entre 2002 y 2021, se puede afirmar que, aunque la protesta social en
el país suele ser protagonizada por algún sector específico, sus momentos más álgidos, en
especial 2021, han sido el producto de acciones multisectoriales, adelantadas por actores
susceptibles de consideración en términos de sectores subalternos. Éstos, más allá de su
identidad política, son diferenciables entre desafiadores o grupos constituidos por sectores
sociales que carecen de acceso rutinario a los organismos y recursos gubernamentales, y
sujetos o participantes, es decir, personas y/o grupos, no organizados como tal, que
aprovechan las circunstancias para expresar sus propias reivindicaciones.
En ambos casos, se trata de actores que tenían cierta trayectoria y experiencia en materia
de acción colectiva. De acuerdo con los participantes entrevistados en relación al 28A, en
Bogotá y Cali, la mayoría fue también partícipe de los ciclos anteriores; incluso los más
veteranos señalaron que hicieron parte de acciones de protesta que tuvieron lugar en las
últimas décadas del siglo anterior. En otras palabras, ciertamente surgieron nuevos liderazgos,
pero fueron pocos en proporción a los liderazgos consolidados, y tuvieron lugar por efecto de
la organización mancomunada entre desafiadores y sujetos, más no por una suerte de
espontaneidad causada por la coyuntura.
Ahora bien, la atribución de oportunidades y amenazas políticas estuvo determinada por
este factor, por los procesos políticos y las circunstancias económicas del momento, pero
también por las percepciones y por la producción de narrativas sobre el contexto, por parte
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de todos los actores en pugna. En el caso de los agentes de gobierno, o miembros del sistema
político que gozan de acceso rutinario a los organismos y recursos gubernamentales,
entiéndase GN y sectores oficialistas, la sustentación de sus intenciones se basaba en la
afirmación de que se trataba de reformas necesarias para el país, y se reforzaba con lecturas
descalificadoras constantes, dirigidas a las críticas de detractores y a las iniciativas de paro o
intenciones de protesta en general.
Por parte de las fuerzas de oposición, fue primordial sobre todo el surgimiento de partidos
y movimientos, que se situaron en la izquierda y el centro del espectro político nacional, en la
medida en que promovieron debates en los cuales contradecían al gobierno y denunciaban, a
la vez, los intereses ocultos de sus dirigentes, en relación a sus proyectos de reforma y a las
políticas sociales que éstos llevaban adelante.
Las posibilidades percibidas para protestar, por cuenta de los desafiadores y sujetos, se
basaron en razonamientos similares en lo que respecta al contexto, pero disimiles en lo que
se refiere a la experiencia empírica de unos y otros. Por ejemplo, en el escenario del ciclo de
protestas de 2021, en Bogotá y Cali, la percepción de las oportunidades por parte de los
desafiadores, en línea con las interpretaciones de los partidos de oposición al GN, se basó
principalmente en resistir a la aprobación de proyectos de reforma, que profundizaban la
aplicación de políticas neoliberales regresivas, y en reclamos por desatención de denuncias y
demandas que fueron enarboladas a lo largo de todo el periodo. En el caso de los sujetos, las
oportunidades también estuvieron determinadas por razones similares, pero se
complementaron a raíz de sus propias vivencias, y se ampliaron en el transcurso de los hechos,
en particular, por las medidas represivas implementadas por el GN y por la violencia que se
exacerbó en ese contexto.
En esta lógica, este conjunto de circunstancias se convirtió en el aliciente principal para
protestar, pero también para implementar otras acciones, cuyo devenir y acumulados es
necesario escudriñar adrede a la comprensión profunda del fenómeno, y aposta a sus
interpretaciones reduccionistas, con las herramientas teóricas pertinentes. Verbigracia: los
tipos de estructuras organizativas, su origen, sus formas de organización y sus dinámicas de
interacción; los procesos de interpretación y las gramáticas movimientistas que éstas
acuñaron en cada ciclo del periodo; los repertorios enteramente disruptivos u orientados a
alterar el orden social establecido y sus variaciones; o las dinámicas de configuración de las
emociones que insuflaron cada ciclo de protestas, en términos de etiquetas y maneras
colectivas de actuar y de pensar.
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