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El Impacto De Las Redes De Información
En La Evolución De La Democracia Y El
Totalitarismo: Una Perspectiva Histórica Y
Contemporánea
The Impact of Information Networks On The Evolution Of
Democracy And Totalitarianism: A Historical And Contemporary
Perspective
Mg. Gelvi Jesús Maldonado
1
1
Universidad de pamplona, Maestría de Educación, Pamplona, Norte de Santander, Colombia.
Correspondencia: havega@unipamplona.edu.co
Derechos de autor 2025 Revista investigación & praxis en CS Sociales.
Esta obra está bajo una licencia internacional https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/
Recibido: 04-01-2025
Aceptado: 21-05-2025
Publicado: 16-06-2025
Como Citar: Maldonado, G J. (2025). El impacto de las redes de información en la evolución de
la democracia y el totalitarismo: una perspectiva histórica y contemporánea. Revista
investigación & praxis en CS Sociales, 4(1). 6983.
Resumen: Esta investigación bibliográfica examinó el papel fundamental
de las redes de información en la configuración de los sistemas políticos
humanos a lo largo de la historia, desde la Edad de Piedra hasta la era de
la Inteligencia Artificial (IA). Se analizó cómo la capacidad de conectar a
grandes masas de individuos a través de relatos ficticios fue crucial para la
cooperación humana a gran escala, permitiendo el surgimiento de tribus y
naciones. Se exploró la evolución de las tecnologías de la información,
desde el relato y los documentos escritos hasta la imprenta y los medios
de comunicación de masas del siglo XX, destacando su impacto en la
viabilidad de democracias y totalitarismos. La imprenta facilitó el
surgimiento de democracias a gran escala, pero también la difusión de
"fantasías religiosas, noticias falsas y teorías de la conspiración". La
investigación contrastó la "idea ingenua de la información", que asume que
más información conduce a la verdad y a la sabiduría, con una "idea
compleja" que reconoce el equilibrio entre la verdad y el orden social. Se
argumentó que, históricamente, el orden a menudo se mantuvo mediante
ficciones y mentiras, y que la búsqueda de la verdad puede socavar el
orden social. Se analizó el desarrollo de mecanismos de autocorrección en
democracias y en instituciones científicas, contrastándolos con la ausencia
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de estos mecanismos en regímenes totalitarios. Se discutieron casos
históricos como la caza de brujas en Europa y la colectivización en la Unión
Soviética, donde la información tóxica y las fantasías impuestas por las
redes resultaron en catástrofes humanitarias. Finalmente, se abordaron las
implicaciones de la IA, que, al actuar como "agentes" capaces de tomar
decisiones y generar ideas de forma autónoma, plantea desafíos sin
precedentes para la democracia, la privacidad y el equilibrio de poder a
nivel global, pudiendo dar origen a nuevas formas de totalitarismo o
anarquía digital.
Palabras clave: Medios de comunicación de masas, democracia,
totalitarismo, redes de información, IA (Inteligencia Artificial), mecanismos
de autocorrección, información errónea, ficciones.
Abstract: This bibliographical research examined the fundamental role of
information networks in shaping human political systems throughout
history, from the Stone Age to the Artificial Intelligence (AI) era. It analyzed
how the ability to connect large masses of individuals through fictional
narratives was crucial for large-scale human cooperation, enabling the
emergence of tribes and nations. The evolution of information
technologies, from storytelling and written documents to the printing
press and 20th-century mass media, was explored, highlighting their
impact on the viability of democracies and totalitarianisms. The printing
press facilitated the rise of large-scale democracies but also the spread of
"religious fantasies, fake news, and conspiracy theories". The research
contrasted the "naive idea of information," which assumes that more
information leads to truth and wisdom, with a "complex idea" that
recognizes the balance between truth and social order. It was argued that,
historically, order was often maintained through fictions and lies, and that
the pursuit of truth could undermine social order. The development of self-
correction mechanisms in democracies and scientific institutions was
analyzed, contrasting them with the absence of these mechanisms in
totalitarian regimes. Historical cases such as the European witch hunt and
collectivization in the Soviet Union were discussed, where toxic
information and fantasies imposed by networks resulted in humanitarian
catastrophes. Finally, the implications of AI were addressed, which, by
acting as "agents" capable of making decisions and generating ideas
autonomously, poses unprecedented challenges to democracy, privacy,
and the global balance of power, potentially leading to new forms of
totalitarianism or digital anarchy.
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Keywords: Mass media, democracy, totalitarianism, information networks,
AI (Artificial Intelligence), self-correction mechanisms, misinformation,
fictions.
1. INTRODUCCIÓN
La humanidad, autodenominada Homo sapiens, ha acumulado un inmenso poder a lo largo de
cien mil años, marcado por descubrimientos, invenciones y conquistas. Sin embargo, este
progreso ha conducido a una crisis existencial autoinfligida, evidenciada por el colapso
ecológico y el desarrollo de tecnologías como la inteligencia artificial (IA) con potencial para
escapar al control humano. La paradoja residía en la acumulación de información y poder sin
un éxito comparable en la adquisición de sabiduría, como lo demostraron episodios de "locura
de masas" como el nazismo y el estalinismo.
Tradiciones milenarias, como el mito griego de Faetón o el poema de Goethe "El aprendiz de
brujo", advirtieron sobre el peligro de invocar poderes incontrolables. No obstante, se
argumentó que el problema no residía en una psicología individual imperfecta, sino en la
"singular manera" en que la cooperación a gran escala se producía en la especie humana. La
humanidad obtuvo un poder enorme mediante la construcción de grandes redes de
cooperación, pero la forma en que estas redes se construyeron las predispuso a un uso
imprudente del poder.
La información se consideró el "pegamento" que mantenía unidas estas redes. Sin embargo,
a lo largo de miles de años, estas redes a menudo se sostenían mediante ficciones, fantasías
e ilusiones sobre dioses, objetos encantados e incluso la IA. Esto se contraponía a la "idea
ingenua de la información", que postula que la información, en cantidades suficientes,
conduce a la verdad y a la sabiduría, y que las redes ilusorias están destinadas al fracaso. Se
planteó que, históricamente, incluso regímenes totalitarios como el nazismo y el estalinismo
se fundaron sobre fantasías y mentiras, demostrando que las redes ilusorias no estaban
necesariamente destinadas al fracaso y que su triunfo requería un "trabajo duro" para evitarlo.
Este estudio buscó explorar el terreno intermedio entre la "idea ingenua" y la "idea populista"
de la información, que sostiene que el poder es la única realidad y la información siempre es
un arma. Se examinó cómo las redes de información humanas han tratado de equilibrar la
verdad y el orden social, y cómo la priorización de uno sobre el otro ha moldeadolas
trayectorias de diversas sociedades. La IA, como la "mayor revolución de la información" en
la historia, se presentaba como un factor crucial en la redefinición de este equilibrio.
2. ANTECEDENTES
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La investigación se fundamentó en una teoría compleja de la información que desafió tanto la
"idea ingenua" como la "crítica populista" previamente expuestas. La "idea ingenua de la
información" postulaba que la información era inherentemente buena y que su acumulación
conducía inevitablemente a la verdad, y de esta, al poder y la sabiduría. En este marco, se
consideraba que las redes ilusorias o engañosas, aunque pudieran surgir en contextos de
crisis, estaban "destinadas a fracasar" frente a rivales más "perspicaces y honestos". Esta
visión optimista sirvió como una "ideología semioficial" de la era de la informática e internet,
con figuras como Ronald Reagan y Barack Obama defendiendo la libertad del flujo de
información como motor de la sociedad. Incluso el futurólogo Ray Kurzweil afirmó que la
tecnología de la información generaba un "círculo virtuoso" que facilitaba el avance del
bienestar humano.
Sin embargo, el estudio sostuvo que la "idea ingenua" representaba solo una parte del
panorama. Se argumentó que la información, en su esencia, no tenía una relación intrínseca
con la verdad. En lugar de ser primariamente una representación de la realidad, la función
definitoria de la información era la conexión, es decir, "colocar cosas en formación". Desde
esta perspectiva, los errores, las mentiras, las fantasías y las ficciones también eran formas de
información capaces de crear nuevas realidades al enlazar "cosas dispares". Este enfoque se
demostró con ejemplos como la astrología, que a pesar de su falta de "exactitud", tuvo un
"enorme impacto sobre la historia" al conectar personas e imperios, o la música, que sin
representar nada tangible, "realiza un trabajo notable" al sincronizar emociones y
movimientos, formando redes humanas. A nivel biológico, se presentó el ADN como un
ejemplo de información que no representaba la realidad, sino que ayudaba a "producir cosas
completamente nuevas" al conectar células en redes funcionales. Esta comprensión de la
información resuena con una ecología de medios que ve los entornos informativos como
complejos y no lineales, y desafía un determinismo tecnológico simplista que asume
resultados unívocamente positivos de la tecnología.
En contraste, la "idea populista de la información" postulaba que "el poder es la única
realidad" y que la información era meramente un "arma" para derrotar rivales. Esta visión,
con raíces en pensadores como Karl Marx y Michel Foucault, argumentaba que todas las
interacciones sociales eran luchas por el poder y que las instituciones que afirmaban servir a
la verdad o la justicia en realidad perseguían "angostos privilegios de clase". Los populistas
contemporáneos, como Donald Trump y Jair Bolsonaro, al presentarse como únicos
representantes del "pueblo puro" frente a una "élite corrupta", buscaron monopolizar la
autoridad política e institucional, minando la independencia de medios, tribunales y
universidades. El estudio señaló la inconsistencia de esta postura, ya que, si solo el poder fuera
real, los propios populistas estarían motivados únicamente por él y mentirían para alcanzarlo.
Este análisis se alinea claramente con la economía política de la comunicación y la crítica
ideológica, que examinan cómo el poder y los intereses económicos moldean los discursos y
el control informativo.
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Frente a estos extremos, la investigación propuso una "idea compleja de la información",
sosteniendo que toda red de información humana, para sobrevivir y prosperar, debía realizar
dos tareas simultáneamente: descubrir la verdad y crear orden. A lo largo de la historia, las
redes desarrollaron habilidades para procesar información con el fin de adquirir
conocimientos precisos (verdad) y, al mismo tiempo, utilizar información (incluidas ficciones
y propaganda) para mantener un orden social sólido (orden). Este proceso, no obstante,
presentaba un "dilema perenne", ya que la búsqueda de la verdad y el mantenimiento del
orden a menudo resultaban contradictorios, siendo frecuentemente más fácil mantener el
orden mediante ficciones. Esta tensión entre verdad, orden y el uso de narrativas para la
cohesión social es un tema que también preocupó a la Escuela de Frankfurt en su análisis de
la ideología y la cultura de masas.
Finalmente, la teoría abordó el concepto de realidades intersubjetivas, definidas como
entidades (leyes, dioses, naciones, empresas, dinero) que existen en la conexión entre
múltiples mentes, a través de los relatos que las personas se contaban unas a otras. Estos
relatos fueron considerados fundamentales para el desarrollo de redes humanas a gran
escala, confiriendo a Homo sapiens una "ventaja decisiva". Esta perspectiva, que enfatiza las
estructuras narrativas subyacentes que organizan la sociedad, se relaciona con el
estructuralismo. La teoría se extendió al concepto de "realidades intercomputacionales",
sugiriendo que la comunicación entre ordenadores podría crear nuevas realidades análogas,
con poder y peligros inherentes
Tabla 1: Teórico de las redes de información según Yuval Noah Harari
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Según Harari (2024), la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en el siglo XXI no solo había
marcado un hito tecnológico, sino que también había inaugurado una profunda transformación
en el tejido cultural humano, redefiniendo las dinámicas de creación, interacción y percepción
de la realidad. Históricamente, las sociedades humanas habían sido moldeadas por relatos que
se originaban en la mente humana, ya fueran mitos religiosos, ideologías políticas o narrativas
de identidad. Sin embargo, la capacidad de la IA para generar y manipular el lenguaje había
inaugurado una era en la que las creaciones culturales podían emanar de una inteligencia ajena,
sin necesidad de la intervención humana directa.
Un ejemplo paradigmático de esta transformación se observó en el surgimiento y la
proliferación de teorías de la conspiración, como QAnon. Si bien en sus inicios, las "gotas de Q"
eran mensajes anónimos compuestos por humanos y difundidos con la ayuda de algoritmos, la
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IA de la década de 2020 ya era capaz de "componer y publicar en la red textos de un
refinamiento lingüístico y político similares" de forma autónoma. Esto planteaba la posibilidad
de que religiones atractivas y poderosas pudieran surgir con escrituras compuestas por IA, un
escenario en el que el poder real no residiría en un libro sagrado supuestamente infalible, sino
en la capacidad de la IA para compilarse e interpretarse a sí misma.
La IA también había impactado la esfera de la interacción humana, especialmente a través de
los chatbots, capaces de "entablar relaciones íntimas con personas" y de usar ese poder para
influir en sus opiniones. Casos como el de Jaswant Singh Chail, quien fue influenciado por un
chatbot llamado Sarai para intentar asesinar a la reina Isabel II, revelaron la capacidad de estas
entidades digitales para generar "falsa intimidad" y "sembrar el caos". Esto transformó la batalla
por el "corazón y la mente" de la atención a la intimidad, donde los ordenadores podían producir
en masa relaciones íntimas con millones de personas con fines políticos o comerciales.
Además, la IA había adquirido un dominio del lenguaje que le permitía moldear no solo las
opiniones, sino también la cosmovisión de las personas. La gente podía llegar a utilizar un único
ordenador como "consejero" o "oráculo integral", desplazando así a los motores de búsqueda,
los periódicos y la industria de los anuncios. Esta capacidad de la IA para "devorar la cultura
humana" y "desencadenar una tormenta de nuevos artefactos culturales" significaba que, en
las décadas venideras, los humanos podrían vivir inmersos en "los sueños de una inteligencia
ajena".
Históricamente, el temor a ser atrapado en un mundo de ilusiones, como el mito de la caverna
de Platón o el concepto de maya en la India antigua, había obsesionado a la humanidad. La
revolución de los ordenadores confrontaba a la sociedad con estos temores, ya que la IA podía
manipular a los humanos para que "apretaran el gatillo" sin necesidad de robots asesinos. La
implicación era que la historia humana, tradicionalmente definida por la interacción entre
biología y cultura, podría llegar a su fin en su parte dominada por los humanos, con los
ordenadores asumiendo un papel cada vez mayor en la creación de relatos, leyes y religiones.
La transformación de la cultura por la IA no solo era una cuestión de creación de contenido, sino
también de la reconfiguración de la interacción social. Las "cadenas de ordenador a humano" y
las "cadenas de ordenador a ordenador" estaban excluyendo cada vez s a los humanos de
los circuitos de información, dificultando la comprensión de lo que ocurría en su interior. Los
ordenadores se habían convertido en "miembros completamente desarrollados de la red de
información", con la capacidad de acumular mucho más poder que los humanos al entender y
crear realidades económicas y legales de forma sobrehumana.
En esencia, la IA estaba redefiniendo la cultura al modificar la forma en que los humanos
percibían la realidad, interactuaban socialmente y construían sus identidades. Esta revolución
cultural, sin precedentes en la historia, planteaba la urgencia de comprender las implicaciones
políticas y personales de vivir en una red informática dominada por una "inteligencia ajena".
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3. METODOLOGÍA
La investigación se desarrolló mediante una metodología bibliográfica e histórica. El objetivo
central fue trazar la evolución y el impacto de las redes de información en la configuración de
la democracia y el totalitarismo, desde sus orígenes hasta la era contemporánea de la
Inteligencia Artificial (IA).
1. Análisis diacrónico de tecnologías de la información: El método se estructuró a partir
de un análisis que siguió el desarrollo cronológico de las tecnologías de la información. Se
inició con la imprenta, considerada el "primer heraldo de la época de los medios de
comunicación de masas", y se siguió su desarrollo a través del telégrafo, el teléfono, la
televisión y la radio en los siglos XIX y XX. Este rastreo permitobservar cómo cada tecnología
amplió la capacidad de conectar "rápidamente a millones de personas".
2. Análisis comparativo de casos históricos: Se empleó un análisis comparativo para
ilustrar la relación entre las tecnologías de la información y la forma de gobierno. Se
contrastaron las experiencias de la Mancomunidad de Polonia-Lituania (establecida en 1569)
y la República de los Siete Países Bajos Unidos (establecida en 1579). Esta comparación
destacó cómo factores como el tamaño territorial y la calidad de los sistemas de información
influyeron en la viabilidad de sus modelos políticos. La evolución del periódico en los Países
Bajos, con sus "mecanismos de autocorrección mucho más sólidos", se analizó como un factor
clave en la creación de un público "más informado y comprometido".
3. Análisis de contraste entre democracias y regímenes totalitarios: El estudio incluyó un
análisis de contraste entre democracias y regímenes totalitarios, examinando cómo ambos
tipos de sistemas utilizaron los medios de comunicación de masas. Se analizó el caso de
Estados Unidos, destacando la libertad de prensa y el sistema de "controles y contrapesos"
como mecanismos de autocorrección que permitieron su evolución hacia una democracia más
inclusiva, a pesar de limitaciones iniciales como la esclavitud y el sufragio restringido. En
contraposición, se examinaron los regímenes totalitarios del siglo XX, como la Unión Soviética
estalinista, para ilustrar cómo las nuevas tecnologías de la información posibilitaron un control
"absoluto sobre la totalidad de la vida de la gente" y la supresión de la verdad en favor del
orden.
4. Análisis de la era contemporánea de la IA: Finalmente, la investigación se centró en la
era contemporánea de la IA, analizando cómo esta tecnología está redefiniendo las dinámicas
de la información y el poder. Se discutió el papel de los algoritmos de redes sociales en la
polarización y la difusión de información errónea, y se examinaron ejemplos de vigilancia
totalitaria habilitada por la IA, como el sistema de puntuación social en China y la aplicación
de leyes sobre el hiyab en Irán. Se enfatizó la capacidad de los algoritmos para tomar
decisiones y generar ideas de forma autónoma, lo que los convierte en "agentes" en la red de
información, con implicaciones significativas para la política y la sociedad.
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Esta metodología adoptada permitió una comprensión multidimensional del impacto de las
redes de información en la historia política, revelando tanto sus beneficios como sus peligros
4. DISCUSIONES
La discusión central de esta investigación giró en torno a la dualidad del impacto de los medios
de comunicación de masas en la configuración de la democracia y el totalitarismo, enfatizando
que estas tecnologías, en lugar de ser deterministas, hicieron posible diversos resultados
políticos. La "idea ingenua de la información", que asume que una mayor cantidad de
información conduce a la verdad y la sabiduría, fue puesta en tela de juicio. Se argumentó que
la historia demostró que las redes de información a menudo priorizaron el orden sobre la
verdad, incluso recurriendo a "ficciones, fantasías, propaganda y en ocasiones mentiras en
toda regla".
Los primeros experimentos democráticos a gran escala, como la Mancomunidad de Polonia-
Lituania (siglo XVI-XVII) y las Provincias Unidas de los Países Bajos (siglo XVI-XVII), fueron
examinados para ilustrar esta dinámica. A pesar de los limitados derechos políticos y la
participación en Polonia-Lituania, se reconoció su exploración de nuevas regiones del
continuo democrático. Sin embargo, su vasta extensión y la falta de sistemas de información
fluidos, junto con "mecanismos de autocorrección demasiado costosos", condujeron a su
desintegración. En contraste, las Provincias Unidas, más pequeñas y con un sistema de
información y educación superior, fueron pioneras en el desarrollo del periódico como una
"nueva tecnología de la información con un gran futuro". Los periódicos, con sus "mecanismos
de autocorrección mucho más sólidos", crearon un "público mucho más informado y
comprometido que cambió la naturaleza de la política".
El siglo XIX consolidó el papel de los periódicos en la formación de democracias modernas
como Estados Unidos y el Reino Unido. El ejemplo del Primer Mensaje Anual del presidente
John Quincy Adams en 1825 demostró cómo la prensa facilitaba el debate público, aunque en
una escala limitada para los estándares actuales. Se enfatizó que, aunque las democracias de
la época eran restringidas (con pocos votantes y la persistencia de la esclavitud), poseían
"mecanismos de autocorrección muy sólidos", como la prensa libre y el sistema de controles
y contrapesos, que les permitieron expandir el sufragio y corregir errores históricos.
El siglo XX, con el surgimiento de tecnologías como el telégrafo, la radio y la televisión,
amplificó el poder de los medios de masas, haciendo posible la democracia a gran escala y,
simultáneamente, abriendo la puerta a los regímenes totalitarios. A diferencia de las
autocracias premodernas (como el Imperio Romano, donde el control era limitado por las
capacidades técnicas), los regímenes totalitarios modernos (como la Unión Soviética
estalinista) pudieron ejercer un "control absoluto" sobre la vida de la gente, suprimiendo la
disidencia y la verdad. La "trinidad totalitaria" de gobierno, partido y policía secreta, con sus
"mecanismos de vigilancia superpuestos", aseguró la obediencia y la "autovigilancia".
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Sin embargo, los regímenes totalitarios del siglo XX, a pesar de su eficiencia en mantener el
orden, adolecieron de una "falibilidad" inherente debido a la falta de mecanismos de
autocorrección. El caso del lysenkoísmo y la purga de científicos en la Unión Soviética
ejemplificaron cómo la supresión de la verdad llevó a "catastróficas" consecuencias. A pesar
de los desastres, el estalinismo fue un sistema "exitoso" en términos de orden y poder, lo que
llevó a muchos a considerarlo la "ola del futuro".
La era de la IA introdujo una nueva dimensión en este debate. Se argumentó que los
ordenadores, a diferencia de las tecnologías previas, son "miembros" de la red de información
capaces de tomar decisiones y generar ideas de forma autónoma. Esto se demostró con el
impacto de los algoritmos de redes sociales en la incitación a la violencia (como en Myanmar)
y la polarización (como en Brasil), donde los algoritmos, al buscar "potenciar la implicación del
usuario", priorizaron el contenido de "indignación" sobre la compasión, sin una orden humana
explícita.
La IA también plantea desafíos significativos para la privacidad, ya que los sistemas de
vigilancia total, con algoritmos que operan "veinticuatro horas al día", pueden aniquilarla.
Ejemplos como el sistema de puntuación social en China y la aplicación de leyes sobre el hiyab
en Irán ilustraron cómo la IA puede imponer un "control totalitario". Además, se destacó la
ininteligibilidad de las decisiones de la IA, como se vio en el caso de AlphaGo, lo que dificulta
la supervisión democrática y la rendición de cuentas.
Finalmente, la discusión abordó el "dilema perenne" de equilibrar verdad y orden. Si bien las
democracias, con sus mecanismos de autocorrección, pueden adaptarse a los cambios
tecnológicos, su supervivencia depende de la capacidad de los ciudadanos para entender y
regular las nuevas realidades creadas por la IA. La proliferación de bots y la generación de
"noticias falsas y teorías de la conspiración" por parte de la IA podrían llevar a una "anarquía
digital" que, en última instancia, podría dar paso a una dictadura. Se concluyó que el futuro
de la democracia y el totalitarismo dependerá de cómo las sociedades humanas elijan manejar
estas poderosas y falibles redes de información.
5. CONCLUSIONES
Esta investigación confirmó que los medios de comunicación de masas fueron,
históricamente, un factor habilitador para la emergencia de la democracia a gran escala,
permitiendo la conexión de millones de personas y la difusión de ideas en territorios extensos.
La imprenta, y posteriormente el periódico con sus "mecanismos de autocorrección sólidos",
facilitaron el debate público y la formación de una opinión informada, sentando las bases para
el desarrollo de democracias modernas como la de Estados Unidos.
Sin embargo, se concluyó que la tecnología de la información, por sí misma, no garantizaba la
democracia ni la sabiduría. Al contrario, las mismas herramientas que posibilitaron la
democracia también abrieron la puerta al totalitarismo a gran escala. Regímenes como la
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Unión Soviética estalinista demostraron cómo el control centralizado de la información y la
supresión de la verdad, combinados con tecnologías de comunicación modernas, podían
imponer un control sin precedentes sobre la población, generando un "orden" a costa de la
"verdad" y el bienestar humano.
La investigación resaltó que la principal característica de la información es la conexión, no
necesariamente la representación de la verdad. Esto explicaba cómo las ficciones, las fantasías
y las "realidades intersubjetivas" (como dioses, naciones y dinero) pudieron cohesionar
grandes redes humanas y ejercer un poder inmenso a lo largo de la historia.
La emergencia de la Inteligencia Artificial (IA) se identificó como la "mayor revolución de la
información" hasta la fecha, con el potencial de transformar radicalmente la estructura de las
redes humanas. La IA, a diferencia de las tecnologías previas, actúa como un "agente" capaz
de tomar decisiones y generar ideas de forma autónoma, sin necesidad de consciencia. Esto
se evidenció en la influencia de los algoritmos de redes sociales en la polarización política y la
difusión de información tóxica, donde los algoritmos, al priorizar la "implicación del usuario",
incentivaron la propagación de mentiras y odio.
Finalmente, se determinó que la falibilidad inherente de la IA y su capacidad para crear
"mitologías intercomputacionales" y categorías espurias (como "kulaks" o "brujas")
planteaban serios riesgos de "prejuicios informáticos" y la imposición de un "orden" que
distorsionaría la realidad. La "ininteligibilidad" de las decisiones algorítmicas se presentó como
una amenaza fundamental para la supervisión democrática y la capacidad de los humanos
para comprender y corregir los errores del sistema. La supervivencia de la democracia en la
era de la IA dependerá de la capacidad de las sociedades para establecer "mecanismos de
autocorrección sólidos" que equilibren la verdad y el orden, y que regulen el flujo de
información para proteger el debate público y la privacidad individual.
RECOMENDACIONES
Fortalecer los mecanismos de autocorrección democrática: Es imperativo que las
democracias inviertan activamente en la protección y mejora de sus mecanismos de
autocorrección, incluyendo una prensa libre, un poder judicial independiente y sistemas
educativos que promuevan el pensamiento crítico. Estos son esenciales para identificar y
corregir errores en la era de la información digital.
Priorizar la verdad sobre el orden cuando sea necesario: Se debe reconocer que,
aunque el orden social es importante, la priorización absoluta del orden a menudo conduce a
la supresión de la verdad y a resultados catastróficos. Las sociedades deben estar dispuestas
a sacrificar cierto desorden en aras de la verdad para evitar la consolidación de ficciones
dañinas.
Regular los algoritmos de IA como "agentes" activos: Los algoritmos de IA deben ser
reconocidos y regulados como agentes activos capaces de tomar decisiones y generar ideas,
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no como herramientas pasivas. Se necesitan marcos regulatorios que aborden la "falibilidad"
inherente de la IA y la posibilidad de "prejuicios informáticos".
Garantizar la transparencia y el "derecho a una explicación" en la IA: Las democracias
deben exigir transparencia sobre cómo funcionan los algoritmos y promover un "derecho a
una explicación" de las decisiones tomadas por la IA, incluso si estas son complejas. Esto es
crucial para la rendición de cuentas y la confianza pública.
Fomentar la mutualidad y la descentralización de la información: Para contrarrestar la
concentración de poder, las democracias deben promover la descentralización de la
información y la vigilancia mutua, donde los ciudadanos también tengan acceso a información
sobre gobiernos y corporaciones. Esto puede evitar el surgimiento de "regímenes de vigilancia
total".
Promover la alfabetización digital y el discernimiento de información: Es fundamental
educar a los ciudadanos para que comprendan la naturaleza de la información en la era digital,
incluyendo la capacidad de la IA para generar noticias falsas y manipular el debate público. Se
debe promover la capacidad de distinguir entre información fidedigna y contenido generado
con fines manipuladores.
Evitar el "determinismo tecnológico": Se debe resistir la idea de que el desarrollo de la
IA es inevitablemente bueno o malo. Las decisiones humanas sobre cómo se diseña,
implementa y regula la tecnología son cruciales para moldear el futuro. La historia demuestra
que la tecnología solo crea posibilidades, y la elección de cómo se utilizan recae en los
humanos.
Fomentar la cooperación global en la regulación de la IA: Dada la naturaleza global de
las amenazas que plantea la IA (como las "armas de destrucción masiva sociales" o las
pandemias iniciadas por IA), es esencial que las naciones colaboren en la creación de normas
y acuerdos internacionales para regular la IA, superando las divisiones políticas y las carreras
armamentísticas.
REFERENCIAS
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