
ISSN: 2954-5331 / Revista investigación & praxis en CS Sociales
Volumen 2 - Número 2 - 2023
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Las emociones positivas pueden enfocarse en el futuro, presente o pasado. En relación con el
futuro, el optimismo, la esperanza, la fe y la confianza desempeñan un papel fundamental.
Respecto al presente, se incluyen emociones como la alegría, la tranquilidad, el entusiasmo y
el flujo (flow), representando la experiencia óptima. En cuanto al pasado, las emociones
positivas abarcan la satisfacción, la complacencia, la realización personal, el orgullo y la
serenidad. La interpretación subjetiva de factores objetivos resulta esencial para mantener y
crear la felicidad, enfatizando la influencia de la perspectiva positiva en la interpretación de
eventos y circunstancias (Lyubomirshy, 2001).
Las emociones positivas, como la felicidad y otros sentimientos de bienestar, se describen
como reacciones breves que suelen experimentarse cuando algo significativo ocurre en la vida
de una persona; actualmente, existen datos suficientes que respaldan la idea de que estas
emociones positivas potencian la salud y el bienestar, fomentan el crecimiento personal y
permiten experimentar satisfacción con la vida, esperanza, optimismo y una sensación general
de felicidad (Fredrickson, 2000, 2001; Fernandez-Abascal y Palmero, 1999). Incluso hay
estudios que indican que la risa, la felicidad y el buen humor no solo contribuyen a mantener,
sino también a recuperar la salud (Nezu, Nezu & Blissett, 1988). La evidencia disponible
sugiere que las emociones positivas están vinculadas con la longevidad (Danner, Snowden &
Friesen, 2001), la percepción de buena salud en adultos mayores (Valliant, 2002), el desarrollo
de la felicidad (Lyubomirsky, 2001), la competencia inmune (Charnetski & Brennan, 2001;
Ornish, 1998), la recuperación cardiovascular y la capacidad para enfrentar el estrés y la
adversidad (Strumpfer, 2004).
Desde una perspectiva evolutiva, las emociones positivas cumplen un papel fundamental al
ampliar los recursos intelectuales, físicos y sociales de los individuos, haciéndolos más
resilientes y aumentando las reservas a las que pueden recurrir frente a amenazas u
oportunidades (Fredickson, 2001). Cuando las personas experimentan emociones positivas,
sus patrones de pensamiento y comportamiento se ven modificados (Seligman, 2005), y
optimizan sus recursos personales en los niveles físico, psicológico y social (Fredrickson, 2001).
El optimismo, considerado una fortaleza crucial, contribuye significativamente al bienestar
(Peterson, 2000; Schneider, 2001; Lyubomirshy, 2001). Se relaciona con las expectativas que
las personas tienen sobre el futuro (Carver y Scheier, 2001) y se define como una disposición
o creencia estable y generalizada de que ocurrirán eventos positivos (Scheier y Carver, 1987).
El optimismo implica un sentido de control personal y la habilidad para encontrar significado
en las experiencias de la vida, asociándose con una mejor salud mental (Seligman, 1998). Se
ha demostrado que el optimismo tiene efectos beneficiosos en el curso de la enfermedad,
aumenta la supervivencia en pacientes terminales e impacta positivamente en la percepción
del bienestar y la salud en general (Seligman y Vailant, 1998; Scheier y Carver, 2001).
Investigaciones indican que el optimismo disposicional se relaciona positivamente con
estrategias de afrontamiento favorables, como la planificación, la reinterpretación positiva, el
crecimiento personal, el afrontamiento focalizado en el problema y el afrontamiento
adaptativo. De manera negativa, se asocia con estilos de afrontamiento considerados