
Revista investigación & praxis en CS Sociales-ISSN: 2954-5331
https://ojs.unipamplona.edu.co/
Bolívar (2002, citado en Hincapié Parejo & de Araujo, 2022) considera la evaluación
como un elemento clave dentro de la acción didáctica, sugiriendo que debe ser un proceso
sistemático que oriente tanto a docentes como a estudiantes a lo largo del ciclo educativo. Este
enfoque destaca la integración de la evaluación en todas las fases del aprendizaje, permitiendo
una retroalimentación constante y un ajuste en las estrategias pedagógicas.
Ávila (2008, citado en Hincapié Parejo & de Araujo, 2022) amplía esta perspectiva al ver
la evaluación como una necesidad humana básica, que no solo juzga el valor de las acciones y el
entorno, sino que también es un proceso continuo y gradual. Esto significa que la evaluación
debe comenzar desde el inicio de una actividad educativa y extenderse a lo largo de todo el
proceso, garantizando una visión integral del desarrollo del estudiante.
Santos (2007, citado en Hincapié Parejo & de Araujo, 2022) refuerza la idea de que la
evaluación debe acompañar al aprendizaje de forma progresiva, facilitando la comprensión y
ajuste constante de las estrategias educativas. Esta perspectiva ve la evaluación como una
herramienta para la mejora continua, donde se recopila información que permite una toma de
decisiones informada.
Casanova (2007, citado en Hincapié Parejo & de Araujo, 2022) subraya la necesidad de
un enfoque sistemático y riguroso en la recopilación de información desde el inicio del proceso
educativo. Esto permite un seguimiento preciso del progreso del estudiante, tanto en términos
de proceso como de resultados, lo cual es crucial para tomar decisiones efectivas sobre su
formación.
Díaz y Hernández (2010, citado en Hincapié Parejo & de Araujo, 2022) describen un
marco estructurado para la evaluación, identificando aspectos clave como la definición clara del
objeto de evaluación, el uso de criterios específicos, la sistematización en la recolección de
datos, el análisis riguroso de los resultados, la emisión de juicios y la toma de decisiones basadas
en estos juicios. Este enfoque proporciona un esquema completo para llevar a cabo
evaluaciones que sean justas, precisas y orientadas a la mejora continua.
Valverde-Berrocoso, Revuelta y (2012, citado en Hincapié Parejo & de Araujo, 2022)
refuerzan la idea de que la evaluación por competencias no solo mide el conocimiento
académico, sino que también promueve el desarrollo de habilidades prácticas y actitudes
fundamentales en el mundo profesional. Esto resalta la importancia de una evaluación alineada
con las competencias necesarias para el éxito en la vida profesional y personal.
Pimienta (2008, citado en Hincapié Parejo & de Araujo, 2022) se centran en la evaluación
de competencias como un proceso que abarca tanto aspectos cognitivos como actitudinales,
incluyendo la autoevaluación y el desarrollo de la autoeficacia. Este enfoque reconoce que las