
Revista investigación & praxis en CS Sociales-ISSN: 2954-5331
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crecimiento personal y permiten experimentar satisfacción con la vida, esperanza,
optimismo y una sensación general de felicidad (Fredrickson, 2000, 2001; Fernandez-
Abascal y Palmero, 1999). Incluso hay estudios que indican que la risa, la felicidad y el
buen humor no solo contribuyen a mantener, sino también a recuperar la salud (Nezu,
Nezu & Blissett, 1988). La evidencia disponible sugiere que las emociones positivas están
vinculadas con la longevidad (Danner, Snowden & Friesen, 2001), la percepción de buena
salud en adultos mayores (Valliant, 2002), el desarrollo de la felicidad (Lyubomirsky,
2001), la competencia inmune (Charnetski & Brennan, 2001; Ornish, 1998), la
recuperación cardiovascular y la capacidad para enfrentar el estrés y la adversidad
(Strumpfer, 2004).
Desde una perspectiva evolutiva, las emociones positivas cumplen un papel
fundamental al ampliar los recursos intelectuales, físicos y sociales de los individuos,
haciéndolos más resilientes y aumentando las reservas a las que pueden recurrir frente a
amenazas u oportunidades (Fredickson, 2001). Cuando las personas experimentan
emociones positivas, sus patrones de pensamiento y comportamiento se ven modificados
(Seligman, 2005), y optimizan sus recursos personales en los niveles físico, psicológico
y social (Fredrickson, 2001).
El optimismo, considerado una fortaleza crucial, contribuye significativamente al
bienestar (Peterson, 2000; Schneider, 2001; Lyubomirshy, 2001). Se relaciona con las
expectativas que las personas tienen sobre el futuro (Carver y Scheier, 2001) y se define
como una disposición o creencia estable y generalizada de que ocurrirán eventos positivos
(Scheier y Carver, 1987). El optimismo implica un sentido de control personal y la
habilidad para encontrar significado en las experiencias de la vida, asociándose con una
mejor salud mental (Seligman, 1998). Se ha demostrado que el optimismo tiene efectos
beneficiosos en el curso de la enfermedad, aumenta la supervivencia en pacientes
terminales e impacta positivamente en la percepción del bienestar y la salud en general
(Seligman y Vailant, 1998; Scheier y Carver, 2001).
Investigaciones indican que el optimismo disposicional se relaciona
positivamente con estrategias de afrontamiento favorables, como la planificación, la
reinterpretación positiva, el crecimiento personal, el afrontamiento focalizado en el
problema y el afrontamiento adaptativo. De manera negativa, se asocia con estilos de
afrontamiento considerados desadaptativos, como el centrado en las emociones, la
negación, el distanciamiento conductual, el consumo de sustancias y el afrontamiento