CONSUMO DE BEBIDAS ENERGÉTICAS Y SU RELACIÓN
CON LA CALIDAD DEL SUEÑO EN ADULTOS JÓVENES DE
UNA FACULTAD DE SALUD EN COLOMBIA.
CONSUMPTION OF ENERGY DRINKS AND THEIR RELATIONSHIP
WITH SLEEP QUALITY IN YOUNG ADULTS FROM A HEALTH SCHOOL
IN COLOMBIA.
Angela Natalia Báez Cely
1
, Cristhian Jhosep Ruiz Anaya
2
, Erika Julieth Romero
Escalante
3
, María Camila Páez Pérez
4
Recibido: 15 junio de 2026
Aprobado: 15 julio de 2026
Resumen
Introducción:
Las
bebidas
energéticas
son
productos
ampliamente
consumidos
por
estudiantes
universitarios
debido
a
sus
efectos
estimulantes
sobre
la
vigilia
y
el
rendimiento cognitivo. Sin embargo, su elevado contenido de cafeína y otros compuestos
bioactivos puede afectar la calidad del sueño, constituyendo una preocupación creciente
en
salud
pública.
Objetivo:
Determinar
la
relación
entre
el
consumo
de
bebidas
energéticas y la calidad del sueño en adultos jóvenes pertenecientes a una facultad de
salud en Colombia.
Métodos:
Estudio observacional de corte transversal con muestreo
por conveniencia. Participaron 101 estudiantes entre 18 y 30 años. La información se
recolectó mediante un cuestionario estructurado sobre hábitos de consumo de bebidas
energéticas y el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI). Se efectuó análisis
descriptivo, pruebas de normalidad (Kolmogorov-Smirnov y Shapiro-Wilk) y análisis de
correlación
mediante
los
coeficientes
de
Pearson
y
Spearman.
Resultados:
La
frecuencia
de
consumo
de
bebidas
energéticas
fue
baja
en
la
mayoría
de
los
participantes, con una media de 0,95 y predominio de niveles mínimos de consumo. En
contraste, la calidad del sueño fue deficiente en el 83,2% de la muestra, con una media
de PSQI de 9,39 puntos, valor superior al punto de corte clínico (>5). Las pruebas de
correlación
no
evidenciaron
una
asociación
estadísticamente
significativa
entre
la
frecuencia de consumo de bebidas energéticas y la calidad del sueño (Pearson: r=-0,017;
p=0,863; Spearman: ρ=0,006; p=0,952).
Conclusiones:
Aunque la calidad del sueño de
los
estudiantes
evaluados
se
encontró
deteriorada,
no
se
identificó
una
relación
significativa
con
la
frecuencia
de
consumo
de
bebidas
energéticas.
Estos
hallazgos
sugieren que otros factores, como el estrés académico, la carga horaria, los hábitos de
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energéticas y su relación con la calidad del sueño en adultos jóvenes de una facultad de salud en Colombia, Revista
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sueño y aspectos relacionados con la salud mental, podrían tener una mayor influencia
sobre la calidad del sueño en esta población universitaria.
Palabras Claves:
Bebidas energizantes, Sueño, Jóvenes & Calidad, Universidad.
Summary
Introduction:
Energy drinks
are
widely
consumed
by
university
students
due to
their
stimulating effects on alertness and cognitive performance. However, their high caffeine
content and other bioactive compounds can affect sleep quality, constituting a growing
public he
alth concern.
Objective:
To determine the relationship between energy drink
consumption and sleep quality in young adults enrolled in a health sciences faculty in
Colombia.
Methods:
A cross
-
sectional observational study with convenience sampling
was conducted. Participants included 101 students between 18 and 30 years of age. Data
were collected using a structured questionnaire on energy drink consumption habits and
the
Pittsburgh
Sl
eep
Quality
Index
(PSQI).
Descriptive
analysis,
normality
tests
(Kolmogorov
-
Smirnov
and
Shapiro
-
Wil
k),
and
correlation
analysis
using
Pearson
and
Spearman
coefficients
were
performed
.
Results:
The
frequency
of
energy
drink
consumption was low in most participants, with a mean of 0.95 and a predominance of
minimal consumption levels. In contrast, sleep quality was poor in 83.2% of the sample,
with
a
mean
PSQI
score
of
9.39
points,
a
value
above
the
clinical
cutoff
point
(>5).
Correlation
tests
did
not
reveal
a
statistically
significant
association
between
the
frequency of energy drink consumption and slee
p quality (Pearson: r =
-
0.017; p = 0.863;
Spearman: ρ = 0.006; p = 0.952).
Conclusions:
Although the sleep quality of the students
evaluated was found to be impaired, no significant relationship was identified with the
frequency of energy drink consumption. These findings suggest that other factors, such
as academic stress, course load, slee
p habits, and aspects related to mental health, may
have a greater influence on sleep quality in this university population.
Keywords:
Energy drinks, Sleep, Youth & Quality, University.
Introducción
Las
bebidas
energéticas
(BE)
constituyen
una
categoría
de
bebidas
funcionales
caracterizadas
por
su
elevado
contenido
de
cafeína,
taurina,
glucuronolactona,
azúcares
refinados
y
vitaminas
del
complejo
B,
formuladas
con
el
propósito
de
incrementar
la
energía, prolongar la vigilia y mejorar el
rendimiento
cognitivo
y
físico
a
corto
plazo.
(Rivera
L,
2021).
La
población
joven universitaria representa uno de sus
principales
segmentos
de
consumo
como
una
solución
eficaz
ante
las
exigencias
académicas,
déficits
de
sueño y fatiga asociada a las cargas de
estudio (Visram et al., 2016; Arria et al.,
2017). El creciente consumo de bebidas
energéticas
ha
generado
una
preocupación creciente en el ámbito de
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la
salud
pública
por
sus
posibles
consecuencias sobre la salud integral de
la población joven (Vargas L et al., 2024).
Al
respecto,
la
evidencia
científica
disponible
demuestra
afectaciones
que
van más allá de la dimensión física; Una
revisión
sistemática
realizada
por
Fuentealba
et
al.,
(2014)
con
metodología
PRISMA,
analizó
estudios
en población de 13 a 25 años, demostró
que
el
consumo
frecuente
de
estas
bebidas
se
asocia
con
incrementos
en
los
niveles
de
ansiedad,
depresión,
agresividad
y
riesgo
suicida.
Estos
hallazgos
subrayan
la
urgencia
de
abordar
esta
problemática
desde
una
perspectiva integral, que involucre tanto
a
los
sistemas
de
salud
como
a
los
entornos educativos y familiares.
Para
algunos
autores
como
Walker
(2017) El sueño es un proceso fisiológico
activo, organizado en ciclos de sueño de
movimientos
oculares
no
rápidos
y
movimientos
oculares
rápidos,
esencial
para
la
recuperación
neuromuscular,
consolidación de la memoria motora y el
mantenimiento
de
la
homeostasis
del
sistema
nervioso
central.
Los
componentes
bioactivos,
actúan
bloqueando los receptores de adenosina
A1 y A2A en el sistema nervioso central,
inhibiendo
la
presión
homeostática
del
sueño y retrasando el inicio del descanso
nocturno
(Drake
et
al.,
2013;
Roehrs &
Roth, 2008).
La
Organización
Mundial
de
la
Salud
(OMS, 2022) ha clasificado los trastornos
del
sueño
como
un
problema
de
salud
pública emergente, reportando que entre
el 27% y el 36% de la población adulta
joven
experimenta
algún
grado
de
insomnio o sueño no reparador de forma
crónica.
En
Colombia,
la
Encuesta
Nacional de Salud Mental (Ministerio de
Salud y Protección Social, 2015) reveló
que cerca del 23% de los adultos jóvenes
reportaron
dificultades
crónicas
para
conciliar el sueño, cifra que asciende al
41% en poblaciones universitarias según
el Observatorio de Salud Universitaria de
la
Universidad
Nacional
de
Colombia
(2020).
La
evidencia
científica
ha
asociado
el
consumo de BE y la degradación de la
calidad
del
sueño
en
poblaciones
universitarias. Un metaanálisis realizado
por
Trabelsi
et
al.
(2021)
identificó
que
los
consumidores
habituales
de
BE
presentaban mayor somnolencia diurna,
latencias de inicio del sueño prolongadas
y
una
reducción
significativa
de
la
eficiencia
del
sueño
frente
a
no
consumidores.
La
mayoría
de
los
antecedentes
se
ha
enfocado
en
poblaciones estudiantiles heterogéneas,
sin diferenciar las particularidades de los
alumnos
en
formación
clínica
de
una
facultad de salud, cuya combinación de
demandas
cognitivas
y
requerimientos
físicos
podría
modular
de
manera
diferencial los patrones de consumo de
BE y su impacto en el descanso nocturno
(Visram
et
al.,
2016;
Peacock
et
al.,
2013).
Pregunta problema: ¿Cuál es el impacto
del
consumo
de
bebidas
energéticas
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sobre
la
calidad
del
sueño
en
adultos
jóvenes pertenecientes a una facultad de
salud
en
Colombia,
considerando
los
hábitos,
estilos
de
vida
y
carga
académica en esta población?
Marco
Teórico:
Las
bebidas
energizantes fueron desarrolladas con el
propósito de incrementar los niveles de
energía,
mejorar
la
concentración
y
disminuir
la
sensación
de
fatiga.
Inicialmente
estaban
compuestas
principalmente
por
vitaminas;
sin
embargo,
posteriormente
se
incorporaron
ingredientes
estimulantes
como la cafeína y los carbohidratos. Su
popularidad
ha
aumentado
considerablemente
debido
a
la
percepción
de
que
mejoran
el
rendimiento
físico
y
cognitivo.
Estas
bebidas
son
consumidas
por
diversos
grupos
poblacionales,
especialmente
estudiantes
universitarios,
deportistas
y
trabajadores
que
buscan
mantenerse
alerta
o
mejorar
su
desempeño
diario
(Rivera-Ramírez et al., 2021).
Las
bebidas
energizantes
contienen
principalmente
cafeína,
taurina,
carbohidratos,
vitaminas
y
extractos
vegetales
como
guaraná
y
ginseng.
La
cafeína
es
el
principal
componente
estimulante,
ya
que
aumenta
el
estado
de alerta y la concentración, aunque su
consumo
excesivo
puede
provocar
efectos
adversos
como
ansiedad
e
insomnio.
Por
su
parte,
la
taurina
participa
en
la
regulación
neuronal
y
cardiovascular,
mientras
que
los
carbohidratos aportan energía inmediata
al organismo. Las vitaminas favorecen el
metabolismo
energético
y
el
guaraná
potencia los efectos estimulantes debido
a
su
contenido
natural
de
cafeína
(Castellanos et al., 2006; Sánchez et al.,
2015; Rivera-Ramírez et al., 2021; Silva
Maldonado et al., 2022).
Las
bebidas
energizantes
se
definen
como bebidas refrescantes estimulantes
cuyo principal componente es la cafeína
y
que
están
diseñadas
para
mejorar
el
rendimiento
psicomotor,
aumentar
la
resistencia física, disminuir la sensación
de fatiga y favorecer el estado de alerta
(Parra, 2018). En Colombia, algunas de
las
marcas
más
consumidas
son
Red
Bull
y
Monster
Energy,
las
cuales
contienen
combinaciones
de
cafeína,
taurina, vitaminas y extractos vegetales
estimulantes
(Cote-Menéndez
et
al.,
2011).
La
frecuencia
de
consumo
de
bebidas
energizantes
constituye
un
aspecto
relevante
debido
a
los
posibles
efectos
sobre
la
salud.
Diversos
estudios
han
evidenciado que el consumo habitual se
relaciona
con
un
mayor
riesgo
de
alteraciones
cardiovasculares,
convirtiéndose
en
una
preocupación
creciente
para
los
profesionales
de
la
salud y la nutrición (Pintor et al., 2020).
Entre
los
estudiantes
universitarios,
el
consumo de bebidas energizantes se ha
incrementado
debido
a
las
exigencias
académicas
y
a
la
necesidad
de
mantenerse
despiertos
durante
largos
períodos
de
estudio.
Sin
embargo,
la
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elevada
ingesta
de
cafeína
y
otros
estimulantes
puede
generar
efectos
cardiovasculares
adversos,
tales
como
hipertensión
arterial,
palpitaciones
y
arritmias
cardíacas
(Baez-Ferrer
et
al.,
2020).
Adicionalmente, el consumo excesivo de
bebidas energizantes se ha relacionado
con
síntomas
gastrointestinales,
trastornos
del
sueño,
nerviosismo,
temblores
y
ansiedad.
También
se
ha
observado
una
asociación
entre
la
ingesta frecuente de estas bebidas y la
aparición
de
síntomas
depresivos,
irritabilidad y alteraciones del estado de
ánimo,
especialmente
en
población
joven y universitaria. Aunque la relación
causal
aún
requiere
mayor
evidencia,
diversos
estudios
sugieren
una
importante asociación entre el consumo
excesivo
de
bebidas
energizantes
y
el
deterioro de la salud mental (Francisca,
2024).
Debido
a
estos
efectos
potenciales,
resulta importante evaluar la calidad del
sueño en los consumidores de bebidas
energizantes.
El
Índice
de
Calidad
del
Sueño
de
Pittsburgh
(PSQI) es
uno
de
los
instrumentos
más
utilizados
para
valorar la calidad del sueño en adultos,
ya
que
analiza
aspectos
como
la
duración,
eficiencia
y
alteraciones
del
sueño.
Desde
la
fisioterapia,
el
estudio
de
la
relación
entre
el
consumo
de
bebidas
energizantes
y
la
calidad
del
sueño
permite
comprender
mejor
sus
efectos
sobre
la
salud
y
promover
hábitos
de
vida
saludables
en
la
población universitaria.
Metodología
Estudio
de
cohorte
transversal,
de
tipo
observacional
con
un
muestreo
a
conveniencia.
La
investigación
se
desarrollará
en
estudiantes
universitarios
adultos
jóvenes.
La
población
estará
conformada
por
101
estudiantes
entre
18
y
30
años,
contactados a través de medios digitales
y grupos académicos institucionales.
Criterios
de
Inclusión:
Estudiantes
universitarios
entre
18
y
30
años
que
acepten
participar
voluntariamente.
Matriculados en programas académicos
activos
y
que
reporten
consumo
de
bebidas energéticas al menos una vez al
mes,
así
como
estudiantes
que
no
las
consuman,
con
el
fin
de
establecer
comparaciones.
Asimismo,
se
considerarán
participantes
que
puedan
responder
de
manera
autónoma
el
cuestionario estructurado y el Índice de
Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI).
Criterios
de
Exclusión:
Se
excluirán
estudiantes
que
presenten
diagnóstico
previo
de
trastornos
del
sueño
clínicamente
establecidos,
como
insomnio crónico o apnea del sueño, así
como
aquellos
que
se
encuentren
en
tratamiento
farmacológico
con
medicamentos
que
alteren
el
ciclo
sueño-vigilia
(sedantes,
hipnóticos
o
estimulantes).
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Recolección
de
datos:
Para
la
recolección de la información, se aplicará
un
formulario
digital
que
incluirá,
en
primer
lugar,
un
cuestionario
sociodemográfico (edad, sexo, semestre
académico,
programa
académico)
y
el
consumo
de
bebidas
energéticas.
Este
cuestionario
está
compuesto
por
preguntas
cerradas
con
opciones
tipo
Likert,
orientadas
a
identificar
la
frecuencia, motivos de consumo, efectos
percibidos
y
posibles
signos
de
dependencia asociados a estas bebidas.
Adicionalmente, se empleará el Índice de
Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI)
como
instrumento
estandarizado
para
evaluar:
calidad
subjetiva
del
sueño,
latencia
del
sueño,
duración,
eficiencia
habitual, perturbaciones del sueño, uso
de medicación para dormir y disfunción
diurna. Cada componente se puntúa de
0 a 3, y la suma total genera un puntaje
global
que
oscila
entre
0
y
21,
donde
valores
más
altos
indican
peor
calidad
del sueño.
Finalmente, los datos recolectados serán
organizados
y
analizados
mediante
estadística
descriptiva
por
medio
del
programa
PSPP
en
donde
se
podrán,
presentar las variables de consumo del
cuestionario
sociodemográfico
y
las
variables de calidad de sueño, utilizando
pruebas estadísticas inferenciales según
la naturaleza de los datos, llevando así al
análisis
de
datos
como:
desviación
estándar,
media
mediana
y
moda,
así
como
a
su
vez
las
pruebas
de
normalidad
(Kolmogorov-Smirnov
(con
corrección
de
Lilliefors)
y
Shapiro-Wilk
para evaluar el ajuste de cada variable a
una
distribución
normal;
y
significancia
estadística
mediante
Spearman
y
Pearson, finalmente, dentro del análisis
también se detallará el nivel de calidad
del sueño de los participantes.
Resultados y Discusión
El
análisis
estadístico
descriptivo,
de
normalidad
y
de
correlación
de
las
variables
FRECUENCIA
de
consumo
y
SCORE,
obtenidas
de
una
muestra
de
101
participantes.
En
donde
la
FRECUENCIA
corresponde
a
la
frecuencia
de
consumo
de
bebidas
energizantes
de
los
participantes
y
el
SCORE
corresponde
al
puntaje
global
del
Índice
de
Calidad
de
Sueño
de
Pittsburgh
(Pittsburgh
Sleep
Quality
Index,
PSQI),
instrumento
desarrollado
por Buysse et al. (1989, Universidad de
Pittsburgh)
que
evalúa
la
calidad
del
sueño durante el último mes a través de
7
componentes
(calidad
subjetiva
del
sueño,
latencia,
duración,
eficiencia
habitual, alteraciones del sueño, uso de
medicación
para
dormir
y
disfunción
diurna), cada uno puntuado de 0 a 3. La
suma de los 7 componentes produce el
puntaje global, con rango teórico de 0 a
21, donde valores más altos indican peor
calidad
de
sueño.
Un
puntaje
global
mayor a 5 se considera el punto de corte
clínico que indica mala calidad de sueño.
Figura 1. Distribución de frecuencias de
consumo (N=101).
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La moda (0) y la mediana (1) próximas a
la media (0,95) confirman que la mayoría
de
los
participantes
consume
con
muy
baja
frecuencia
o
no
consume.
La
asimetría positiva (0,941) indica una cola
de
consumidores
con
frecuencias
más
altas que estira la media por encima de
la moda.
Figura
2.
Distribución
de
puntajes
SCORE (N=101).
La media (9,39) y la mediana (9,00) son
muy
cercanas,
y
la
asimetría
es
prácticamente nula (0,027), lo que indica
una
distribución
bastante
simétrica.
La
moda
(11)
se
ubica
ligeramente
por
encima
del
centro,
coincidiendo
con
la
mayor concentración de casos entre los
puntajes 8 y 11 (52 de 101 casos, ~51%).
Interpretación del SCORE (PSIQ global):
El
Índice
de
Calidad
de
Sueño
de
Pittsburgh
(PSQI)
es
uno
de
los
instrumentos
más
utilizados
a
nivel
mundial para evaluar la calidad de sueño
autoreportada durante el último mes, con
más
de
34.000
citaciones
en
literatura
científica
desde
su
publicación.
El
puntaje global se obtiene sumando los 7
componentes
(0-3
cada
uno),
con
un
rango teórico de 0 a 21. El criterio clínico
estándar establece que un puntaje global
mayor a 5 (PSQI > 5) indica mala calidad
de sueño, con una sensibilidad reportada
del 89,6% y especificidad del 86,5% para
discriminar
entre
buenos
y
malos
durmientes.
Tabla 1. Nivel de calidad del sueño
|
Categoría
|
Rango PSQI
|
N (n=101)
|
Porcentaje
|
|
Buena calidad de sueño
|
0
–
5
|
17
|
16,8%
|
|
Mala calidad de sueño
|
> 5
|
84
|
83,2%
|
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Figura
3.
Clasificación
de
la
muestra
según el punto de corte clínico del PSQI
(>5).
El
83,2%
de
la
muestra
(84
de
101
participantes)
presenta
una
calidad
de
sueño deficiente según el criterio clínico
estándar del PSQI (puntaje global > 5).
La media observada (9,39) y la mediana
(9,00) se ubican casi el doble por encima
del punto de corte (5), lo que indica que
el problema de mala calidad de sueño no
es
marginal
sino
generalizado
en
la
población
estudiada.
Solo
1
de
cada
6
participantes
(16,8%)
reporta
una
calidad de sueño dentro de parámetros
saludables.
Pruebas de normalidad
Se aplicaron las pruebas de Kolmogorov-
Smirnov
(con
corrección
de
Lilliefors)
y
Shapiro-Wilk
para
evaluar
el
ajuste
de
cada variable a una distribución normal.
Tabla 2. Valores prueba de normalidad
|
Variable
|
Kolmogorov-
Smirnov (Sig.)
|
Shapiro-Wilk (Sig.)
|
¿Normal?
|
|
Frecuencia
|
0,000
|
0,000
|
No
|
|
SCORE
|
0,070
|
0,024
|
No (S-W)
|
Frecuencia
se
aleja
claramente
de
la
normalidad en ambas pruebas (p < 0,05),
lo cual es esperable dada su naturaleza
discreta
y
acotada
(0-4)
con
sesgo
positivo.
SCORE
presenta
resultados
mixtos:
Kolmogorov-Smirnov
no
rechaza
la
normalidad
(p
=
0,070),
pero
Shapiro-
Wilk sí la rechaza (p = 0,024). Dado que
Shapiro-
Wilk es más confiable para N ≈
100, se recomienda tratar SCORE como
no
estrictamente
normal,
aunque
su
asimetría y curtosis son leves.
Al
no
cumplirse
el
supuesto
de
normalidad
en
ninguna
de
las
dos
variables, el coeficiente de correlación de
Spearman
(no
paramétrico)
es
el
indicador más apropiado para evaluar su
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Báez Cely AN, Ruiz Anaya CJ, Romero Escalante EJ, Páez Pérez MC. Consumo de bebidas
energéticas y su relación con la calidad del sueño en adultos jóvenes de una facultad de salud en Colombia, Revista
Ciencias Básicas En Salud, 4(4): 34-46. Octubre 2026, ISSN 2981-5800
asociación.
No
obstante,
se
reportan
ambos
coeficientes
(Pearson
y
Spearman)
para
mayor
robustez
del
análisis.
Tabla 3. Coeficiente de significancia
|
Coeficiente
|
Valor
|
Sig. (bilateral)
|
N
|
|
Pearson (r)
|
-0,017
|
0,863
|
101
|
|
Spearman (ρ)
|
0,006
|
0,952
|
101
|
Figura
4.
Coeficientes
de
correlación
entre Frecuencia y SCORE.
No
existe
evidencia
estadística
de
relación
lineal
(Pearson)
ni
monotónica
(Spearman)
entre
la
frecuencia
de
consumo
y
la
calidad
de
sueño
(SCORE/PSQI).
En
términos
prácticos,
un
participante
puede
presentar
mala
calidad
de
sueño
independientemente
de
cuán
frecuentemente
consuma,
y
viceversa: la frecuencia de consumo no
permite
predecir
ni
explicar
el
nivel
de
alteración
del
sueño
en
esta
muestra.
Como ambos métodos (paramétrico y no
paramétrico)
coinciden
en
esta
conclusión, el resultado es robusto frente
al
incumplimiento
de
normalidad
detectado. Esto sugiere que, de existir un
problema
de
sueño
en
la
población
estudiada (como lo indica el 83,2% con
PSQI
>
5),
sus
causas
probablemente
deben
buscarse
en
otros
factores
no
capturados
por
la
variable
Frecuencia.
Esto
implica
que
no
se
rechaza
la
hipótesis
nula
de
independencia
entre
las
dos
variables,
es
decir,
no
se
encontró
relación
estadísticamente
significativa
entre
la
frecuencia
de
consumo y la calidad de sueño (r ≈ 0; p
>
0,85
en
ambas
pruebas),
lo
que
sugiere
que
el
deterioro
del
sueño
observado
en
la
muestra
no
se explica
por esta variable y que sus causas deben
buscarse en otros factores no incluidos
en
este
análisis
(p.
ej.
carga
académica/laboral,
estrés,
hábitos
de
pantallas, salud mental).
Los hallazgos evidenciaron que, aunque
la
calidad
global
del
sueño
de
los
participantes se encontró deteriorada, no
se
identificó
una
asociación
estadísticamente
significativa
entre
la
frecuencia
de
consumo
de
bebidas
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Ciencias Básicas En Salud, 4(4): 34-46. Octubre 2026, ISSN 2981-5800
energéticas y la puntuación obtenida en
el
Índice
de
Calidad
del
Sueño
de
Pittsburgh.
Estos
resultados
sugieren
que, dentro de la población estudiada, la
alteración
del
sueño
podría
estar
influenciada
por
factores
distintos
al
consumo de estas bebidas. La literatura
científica
ha
descrito
ampliamente
que
los
componentes
presentes
en
las
bebidas
energéticas,
especialmente
la
cafeína,
pueden
interferir
con
los
mecanismos
fisiológicos
que
regulan el
ciclo
sueño-vigilia
mediante
el
bloqueo
de
los
receptores
de
adenosina
y
la
disminución de la presión homeostática
del
sueño.
En
este
sentido,
los
resultados
obtenidos
difieren
de
los
reportados
por
Trabelsi
et
al.
(2021),
Arria et al. (2017) y Owens et al. (2014),
quienes
documentaron
asociaciones
significativas entre el consumo frecuente
de
bebidas
energéticas
y
diferentes
alteraciones
del
sueño
en
población
universitaria.
Una
explicación
para
esta
diferencia
radica
en
las
características
de
la
muestra evaluada. Se observó una baja
frecuencia
de
consumo
de
bebidas
energéticas,
lo
que
podría
reducir
la
capacidad
de
detectar
efectos
clínicamente relevantes sobre la calidad
del sueño. Por otra parte, los resultados
muestran
que
la
calidad
del
sueño
fue
deficiente independientemente del nivel
de
consumo
de
bebidas
energéticas.
Este
hallazgo
coincide
con
reportes
nacionales
e
internacionales
que
describen
una
alta
prevalencia
de
alteraciones
del
sueño
en
estudiantes
universitarios.
La
población
analizada
pertenece
a
programas
del
área
de
la
salud,
caracterizados
por
altas
exigencias
académicas,
extensas
jornadas
de
estudio y, en muchos casos, actividades
prácticas que requieren un elevado nivel
de
responsabilidad.
Estas
condiciones
pueden favorecer la aparición de estrés,
ansiedad, alteraciones en los horarios de
descanso
y
disminución
del
tiempo
destinado al sueño. En consecuencia, la
calidad
del
sueño
observada
podría
responder a una interacción compleja de
factores
académicos,
psicológicos
y
conductuales
que
no
fueron
evaluados
directamente en esta investigación. Esta
interpretación
resulta
coherente
con
el
planteamiento de Visram et al. y Peacock
et
al.,
quienes
señalan
que
el
contexto
universitario
constituye
un
entorno
particularmente
vulnerable
para
el
desarrollo
de
hábitos
poco
saludables
relacionados con el descanso. Se hace
necesario
considerar
estrategias
más
amplias
que
incluyan
educación
en
higiene
del
sueño,
manejo
del
estrés
académico,
promoción
de
actividad
física
y
fortalecimiento
de
hábitos
saludables que contribuyan al bienestar
integral de esta población.
Entre
las
fortalezas
del
estudio
se
destaca
el
abordaje
de
una
población
específica de estudiantes de ciencias de
la
salud,
grupo
que
ha
sido
menos
explorado
en
comparación
con
otras
poblaciones universitarias. Asimismo, la
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utilización
del
Índice
de
Calidad
del
Sueño de Pittsburgh permitió evaluar de
manera
estandarizada
múltiples
dimensiones
relacionadas
con
el
descanso nocturno. Es importante tener
en cuenta que variables potencialmente
influyentes como el estrés académico, la
carga
horaria,
la
actividad
física,
el
consumo de otras fuentes de cafeína y
las
condiciones
de
salud
mental
no
fueron incluidas en el análisis.
Conclusiones
Los
resultados
evidencian
que
la
muestra
presentó
una
frecuencia
de
consumo
de
bebidas
energéticas
baja.
Este
hallazgo
sugiere
que,
aunque
el
consumo
existe
en
la
población
estudiada,
no
alcanza
la
magnitud
reportada
en
estudios
con
poblaciones
heterogéneas,
en
los
cuales
se
estima
que
entre
el
30%
y
el
50%
de
los
estudiantes consumen estas bebidas de
manera regular.
La
calidad
del
sueño
global
de
los
participantes
se
encuentra
deteriorada,
lo
que
sugiere
que
la
alteración
del
sueño
es
una
problemática
en
toda
la
población
estudiantil
independientemente
del
consumo
de
bebidas energéticas.
Los
análisis
de
correlación
entre
la
frecuencia
de
consumo
de
bebidas
energéticas
y
la
calidad
de
sueño
en
estudiantes
no
demostraron
una
asociación
estadísticamente
significativa,
es
posible
que
estas
variables
estén
controladas
por
otros
aspectos,
como
estrés
académico,
ejercicio
físico,
consumo
de
sustancias
psicoactivas
y
carga
académica
semestral limitando la generalización de
los resultados.
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Cómo citar este artículo
:
Báez Cely AN, Ruiz Anaya CJ, Romero Escalante EJ, Páez Pérez MC. Consumo de bebidas
energéticas y su relación con la calidad del sueño en adultos jóvenes de una facultad de salud en Colombia, Revista
Ciencias Básicas En Salud, 4(4): 34-46. Octubre 2026, ISSN 2981-5800
1
Universidad de Pamplona, Colombia,
https://orcid.org/0009-0009-0456-8713
,
Angela.baez@unipamplona.edu.co
.
2
Universidad de Pamplona, Colombia,
https://orcid.org/0009-0009-7701-7461
3
Universidad de Pamplona, Colombia,
https://orcid.org/0009-0005-9900-3766
4
Universidad de Pamplona, Colombia,
https://orcid.org/0009-0000-3455-3840
Universidad
Autónoma
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https://doi.org/10.31260/RepertMedCir.0
1217372.1445
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energéticas y su relación con la calidad del sueño en adultos jóvenes de una facultad de salud en Colombia, Revista
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